Apocalipsis 4

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

El Trono En El Cielo

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas” (Apocalipsis 4:1).

Habiendo repasado las cosas que han sido (Apocalipsis 1) y las cosas que son (Apocalipsis 2—3), hemos llegado ahora a la tercera parte del libro, las cosas que han de ser después de estas. Juan mira y ve una puerta abierta, la misma sobre la que primeramente oyó cuando escribió la carta a la iglesia de Filadelfia. Y de la misma manera que Pablo dijo lo que nos sucedería (1 Tesalonicenses 4:16), Juan escucha una fuerte voz que le ordena, “¡Sube acá!”.

“Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda”. (Apocalipsis 4:2-3).

En un abrir y cerrar de ojos, Juan fue llevado en el tiempo, a ese momento que todos soñamos, el Rapto de la Iglesia. Puesto que Juan estaba viajando en el tiempo, debe de haber pasado por lo que decimos es una experiencia fuera del cuerpo, ya que no se le había dado un cuerpo resucitado, como el que se nos dará a nosotros, y con el que pronto regresaremos. Juan le llamó a esa experiencia estar en el Espíritu.

Lo mismo le había sucedido a Pablo unos 40 años antes, cuando él también fue trasladado al Trono de Dios (2 Corintios 12:1-4). A Pablo no se le permitió decirlo, pero su memoria produjo suficiente motivación para que él pudiera soportar las peores formas de persecución y de sufrimiento. A diferencia de Pablo, a Juan se le ordenó que escribiera todo lo que vio. El jaspe y la cornalina que vio son la primera y la última piedras en el pectoral del Sumo Sacerdote, resumiéndolas todas, y el arco iris es un símbolo de la gracia de Dios.

“Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas” (Apocalipsis 4:4).

Estos 24 ancianos han confundido a muchas personas, pero eso no debe de ser así. Su apariencia los delata. Todos tienen tronos, por lo tanto, son gobernantes. Ellos rodean el Trono de Dios, por lo que lo asisten. Están sentados, que es una señal de realeza. Están vestidos de blanco, por lo que son justos. Tienen puesta la corona griega “estéfanos”, por lo que son victoriosos, vencedores. Se les llama Ancianos, que es un título asociado más con el cristianismo que con el judaísmo. Hasta el momento, aquí tenemos una fuerte evidencia de que representan la Iglesia. Pero aun hay más.

El Nuevo Testamento contiene evidencia adicional de que estos 24 ancianos representan la Iglesia. En Juan 1:12 se nos dice que debido a que creemos en Jesús se nos ha dado la autoridad de ser hijos de Dios. Romanos 8:29 dice que cuando Dios conoció de antemano que nosotros creeríamos, Él nos predestinó para que fuésemos hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito de muchos hermanos. En Gálatas 4:4-7 leemos que puesto que somos hijos de Dios, también somos herederos con Jesús. Romanos 8:16-17 confirma lo anterior.

Hebreos 2 enfatiza el punto que Jesús fue temporalmente hecho un poco inferior a los ángeles, haciéndose hombre para salvar a la humanidad. Habiendo hecho eso, Él fue coronado con gloria y honor y todas las cosas fueron puestas bajo Sus pies. Efesios 1:20-22 confirma lo anterior, diciendo que cuando Él resucitó, Jesús ascendió a los cielos para sentarse a la derecha de la majestad, muy por encima de cualquier principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra. Y finalmente Efesios 2:6-7 dice que a nosotros también nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús. Puesto que los 24 ancianos no se encuentran en ninguna de las visiones del trono de Dios en el Antiguo Testamento, estos deben de representar a la Iglesia, sentada con el Señor a la diestra de Su majestad.

Pero aún hay más. A través de la Biblia hay un número de profecías “cima a cima”, como Clarence Larkin las comenzó a llamar hace más de 100 años. Estas profecías toman la primera y la segunda venidas de Jesús en un solo pasaje, y aun en una sola frase. Él las asemejó a las cimas de las montañas entre las cuales existe un valle que está escondido a la vista del profeta. Y así es el caso con las profecías a distancia. Los profetas registran el mensaje de Dios pero por lo general no pueden determinar el lapso de tiempo que los separa. Uno de los mejores ejemplos está en Isaías 9:6-7.

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo del SEÑOR de los ejércitos hará esto.”

De toda esta profecía, solamente la primera mitad de la primera frase se ha cumplido. El Niño nació y el Hijo fue dado. El resto espera la Segunda Venida de Jesús, habiendo así dejado un espacio de tiempo entre cuando el Hijo fue dado y Su toma definitiva del gobierno mundial.

La profecía de Daniel de las Setenta Semanas contiene un espacio similar entre el versículo 26, en donde el pueblo de un príncipe que vendrá para destruir la ciudad y el santuario y el versículo 27, cuando ese mismo príncipe confirma un pacto con Israel. (Daniel 9:26-27).

Y lo mismo es cierto en Isaías 61:1-3.

“El Espíritu del SEÑOR Soberano está sobre mí, porque me ungió el SEÑOR; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad del SEÑOR, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío del SEÑOR, para gloria suya.”

Jesús citó este pasaje al comienzo de Su ministerio en Nazaret, pero se detuvo en la coma que sigue después de “a proclamar el año de la buena voluntad del SEÑOR” (Lucas 4:18-19). El resto de la profecía describe la gran tribulación y la era del Reino que aun están por venir.

Cada una de estas profecías contiene un lapso de tiempo que está oculto y que se prolonga desde la primera venida a la segunda, similar a un rompecabezas que está completo excepto por una pieza. La era de la iglesia es siempre esa pieza faltante. Estas tres profecías son pero un ejemplo de lo que Larkin dijo acerca las profecías de “cima a cima”. En la Biblia hay un total de 24 de estas profecías, cada una con un espacio de tiempo dentro del cual se ajusta la Iglesia, y que es el mismo número de los ancianos que rodean el Trono de Dios.

“Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios. Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal” (Apocalipsis 4:5-6a).

Literalmente es el Espíritu séptuplo de Dios, que es una expresión idiomática del Antiguo Testamento para el Espíritu Santo. El mar de vidrio se caracterizaba en la tierra por la fuente de bronce para lavar que estaba localizada fuera del Lugar Santo. Simbolizaba la Palabra de Dios. En la tierra nos lavamos en Su Palabra (Efesios 5:26). En el cielo estaremos “de pie sobre ella”. (¿Recuerda el himno, “De pie en Sus promesas”?).

“Y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás. El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir” (Apocalipsis 4:5b-8).

Estos son los cuatro querubines que protegen el Trono de Dios. En el principio habían cinco, pero su líder los traicionó, tanto a ellos como a su confianza, al rebelarse en contra de Dios y causar así la introducción de una segunda voluntad en el universo. Lo llamamos por su principal actividad, Satanás (que significa el acusador en hebreo) pero en Ezequiel 28:14 se le llama “querubín grande, protector”. Isaías 14:12 en el idioma hebreo nos brinda su nombre, “Heleyl ben Sachar,” el que brilla, el hijo del amanecer. Cuando la Biblia se tradujo al Latín en el Siglo IV, este nombre se convirtió en Lucifer, que significa el portador de la luz, y la traducción al español de la Biblia lo llama Lucero. Él no es la estrella resplandeciente de la mañana, como algunas versiones modernas sostienen. Ese es un título que el Señor Jesucristo utiliza para Él mismo (Apocalipsis 22:16).

La visión que tuvo Ezequiel del Trono de Dios muestra a cada querubín con cuatro rostros, Isaías no describe sus rostros del todo, y Juan solamente les da un rostro a cada uno, pero ya sea que fuese sobre un rostro o sobre cuatro, los rostros son los mismos. Un león, un buey, un hombre y un águila. Estos se pueden asemejar a los estandartes de los cuatro campamentos de Israel.

Los Cuatro Campamentos

Cuando los judíos acampaban en el desierto después de haber salido de Egipto, recibieron instrucciones para organizarse en cuatro sub-campamentos, uno a cada extremo de los cuatro puntos cardinales, con el tabernáculo en el centro. El primero se llamaba el Campamento de Judá, e incluía a Isacar y Zabulón. Los miembros de estas tres tribus buscarían el estandarte de Judá, el cual tenía como insignia un gran león bordado en él, para poder localizar su posición. Siempre se situaba al este del tabernáculo. El segundo campamento se llamaba Efraín el cual incluía a Manasés y Benjamín, y estaba siempre localizado al otro extremo del tabernáculo, al oeste. La insignia de Efraín era un toro. El tercer campamento era el de Rubén el cual incluía a Simeón y Gad. Su insignia era el rostro de un hombre. Estaban localizados al sur del tabernáculo. Y el cuarto campamento era el de Dan, con Aser y Neftalí, que estaba localizado al norte. Su insignia era una gran águila.

Al mirar el campamento de Israel desde el cielo, Dios lo veía con el tabernáculo en el centro y los cuatro sub-campamentos alrededor. El gran estandarte al este, tenía la figura del León, y opuesto a él estaba el Buey. Al sur estaba el rostro de un Hombre y opuesto a él un Águila. ¿Estaba Dios modelando Su trono en el campamento de Israel con los cuatro estandartes representando los cuatro rostros de los querubines?

Los Cuatro Evangelios

Algunas personas también ven los cuatro Evangelios simbolizados en los cuatro rostros. El León para Mateo, el Buey, siendo un animal de trabajo, para Marcos, el Hombre para Lucas, y el Águila, un símbolo de la realeza, para Juan.

El Evangelio según Mateo fue escrito para los judíos y su propósito era el demostrar quién era Jesús; presentando una evidencia abrumadora que Jesús era el tan esperado Mesías de Israel: el León de Judá. La genealogía de Mateo comienza con Abraham y prosigue hasta el Rey David (Mateo 1:1-17). La frase más común en el Evangelio de Mateo es “en cumplimiento”. En el Evangelio según Mateo existen más referencias sobre los eventos predichos en la profecía del Antiguo Testamento que fueron cumplidos durante la vida de Jesús que en cualquiera otro de los Evangelios. Unas copias parciales descubiertas en las Cuevas de Qumran sugieren que el Evangelio según Mateo pudo haber sido originalmente escrito en hebreo. El primer milagro, la limpieza de un leproso, era altamente simbólico para Israel. La lepra era considerada como un castigo por el pecado, y limpiar a un leproso significaba quitar el pecado de la nación. El Evangelio según Mateo termina con la resurrección, que significa que la promesa de Dios para el Reino de David permanecerá para siempre.

El Evangelio según Marcos es en realidad la narración de Pedro y fue escrito a los romanos. Su propósito era el mostrar a Jesús como el siervo obediente de Dios. Puesto que a nadie le importa la herencia de un siervo, en Marcos no se da ninguna genealogía. La frase más común en Marcos es “de inmediato,” por eso es que al Evangelio de Marcos se le llama el Evangelio instantáneo, al darnos un cuadro tras otro de Jesús en plena acción. El primer milagro de echar fuera un demonio, demuestra que el Dios a quien Jesús sirve, era superior a cualquier otro dios, lo cual era un asunto de gran importancia para la sociedad politeísta de Roma. El Evangelio según Marcos termina con la ascensión, que significa que el trabajo del siervo se cumplió y por eso regresaba a casa.

La narración de Lucas nos muestra a Jesús como el Hijo del Hombre, un título que Jesús con frecuencia utilizó para sí mismo, y fue escrito para los griegos. Presenta el lado humano de Jesús, enfatizando Sus enseñanzas. Los griegos eran famosos por su oratoria en forma de historias, por eso la frase más frecuente de Lucas es “y sucedió”. La mayoría de las películas sobre la vida de Jesús son tomadas del Evangelio según Lucas debido a su fluyente influencia narrativa. La genealogía de Lucas lleva a Jesús hasta Adán, el primer hombre (Lucas 3:21-38). Puesto que los griegos, igual que los romanos, eran una sociedad politeísta, Lucas usó la expulsión de un demonio como el primer milagro de Jesús, y terminó el Evangelio que lleva su nombre con la promesa del Espíritu Santo, uniendo así al hombre con Dios.

Juan le escribió a la iglesia describiendo cómo fue que Jesús se sintió ante las reacciones de la gente sobre Su ministerio. Este Evangelio es único en cuanto que se basa en siete milagros, siete afirmaciones de “Yo Soy”, y siete discursos. Juan le pone poca atención a la cronología, colocando algunas veces los eventos fuera del orden en que se dieron (como la limpieza del templo en el capítulo 2), por su efecto en presentar a Jesús como el Hijo de Dios. El Evangelio según Juan cubre solamente un lapso de 21 días del total de los 3-1/2 años del ministerio de Jesús. 10 capítulos los dedica solamente a una semana de tiempo y un tercio de todos los versículos del Evangelio de Juan describen solamente un día. Su genealogía comienza antes del tiempo e identifica a Jesús con El Eterno, Quien estaba con Dios y era Dios (Juan 1:1-2). La frase más frecuente utilizada por Juan es “de cierto, de cierto” (en verdad, en verdad). Su primer milagro fue la transformación del agua en vino, un acto de enorme simbolismo por el cual Él “manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él” (Juan 2:11). El Evangelio según Juan termina con la promesa de la Segunda Venida.

“Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4:9-11).

Esta es otra insinuación sobre la identidad de los 24 ancianos. Al leerla siempre nos recuerda las palabras de aquel himno que dice, “Santo, Santo, Santo”, particularmente el verso, “arrojan sus coronas doradas sobre el mar de cristal”. Su autor, Reginald Heber, era un clérigo anglicano. Él estaba escribiendo sobre la Iglesia.

La próxima vez seremos testigos de la mayor transacción de bienes raíces en la historia. No se lo pierda.

 

Título Original: Revelation 4

Traducido por Walter Reiche B.

walterre@racsa.co.cr

 

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