Apocalipsis 8-9

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

El primer ciclo de juicios está por finalizar. Los 144.000 ya han sido comisionados y una inmensa cantidad de mártires ha llegado al cielo. En muchos lugares de la tierra, la guerra se desarrolla furiosa y descontroladamente, con los resultantes efectos del hambre y la pestilencia, y a pesar de eso, en otras partes de la tierra la paz todavía prevalece. Todas aquellas personas que tienen la suerte de disfrutarla están siendo engañadas al pensar que pronto en todo mundo se apaciguarán las cosas, y seguirá la vida como de costumbre. Puesto que el anticristo no ha sido aun revelado como el hombre de Satanás para el Planeta Tierra, muchas personas lo ven como un talentoso líder mundial haciendo lo mejor para restablecer el orden y, a pesar de la cantidad sin precedentes de muertes humanas y de personas desaparecidas, todavía le dan una alta calificación.

Apocalipsis 8

Pero en el cielo la historia es diferente, porque Dios está a punto de desatar los juicios de las siete trompetas. A Él no le da ningún placer hacerlo. Pero así como son de malas las personas, los juicios de los sellos que ahora concluyen simplemente no han sido lo suficientemente severos como para volver el testarudo corazón de ellas a Dios. ¡Ay! Él lo sabía todo el tiempo, pero eso no hace que las cosas sean más fáciles. Si solamente Él no los amara tanto dejaría que se destruyeran unos a los otros. Pero mientras que Su justicia demanda justicia, Su amor requiere que Él siga intentando salvarlos.

El Séptimo Sello y el Incensario de Oro

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto” (Apocalipsis 8:1-5).

Un silencio de media hora llena el cielo con un sentido de presentimiento, como si todos los ángeles estuvieran sosteniendo la respiración, esperando que el Señor actúe. Los creyentes de después del Rapto en la tierra, saben lo que se avecina, y sus urgentes oraciones llegan al trono de Dios como una gigantesca nube de incienso.

Pero el tiempo de la misericordia se acabó con el Rapto. Ahora es tiempo de juicio y conforme el ángel toma fuego del altar, Dios anuncia los juicios venideros en la forma tradicional que Él usa, con truenos, relámpagos y terremotos.

Las Trompetas

“Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.

El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde” (Apocalipsis 8:6-7).

Recordando las plagas de Egipto, el primer juicio cae sobre la tierra. El fuego se desata sobre la tercera parte de la tierra, el humo cáustico que produce que la hierba y los árboles de abajo se quemen, llena los cielos arriba.

“El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida” (Apocalipsis 8:8-9).

Este juicio parece ser como si un gran asteroide o meteoro choca con los océanos de la tierra. Esto ha sucedido en la tierra cientos de veces en la historia. El último caso sucedió el 9 de junio de 2006 cuando un meteoro se estrelló al norte de Noruega con la potencia del impacto igual a la bomba atómica arrojada sobre Hiroshima, Japón.

Los astrónomos están en la actualidad observando miles de asteroides potencialmente peligrosos (APP) y objetos cercanos a la tierra (OCT). En este momento ninguno de estos está proyectado para que choque con la tierra, pero estos científicos nos advierten que los OCT con frecuencia aparecen de repente, y casi sin previo aviso. ¿Cuántos de nosotros sabíamos que uno de esos se estrellaría en Noruega en junio de 2006?

El meteoro a que hace referencia este pasaje produce una tremenda devastación, convirtiendo la tercera parte de los océanos en una sustancia tóxica de aspecto rojizo, matando a la tercera parte de la vida marina y destruyendo miles de embarcaciones. (Existen más de 40.000 barcos comerciales y mercantes registrados en 143 países. Además, existen más de 9.000 buques de la marina de 50 países diferentes y un número desconocido de navíos privados.)

“El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas” (Apocalipsis 8:10-11).

El siguiente juicio cae sobre el suministro de agua potable del mundo. Un tercio del mismo se vuelve venenoso debido a que algo como una estrella fugaz cae del cielo. La estrella se llama Ajenjo, de la palabra griega ápsindsos (absenta). Debido a esto, algunos comentaristas creen que la sustancia que produce que las aguas se hagan amargas, es la contaminación radioactiva.

Dicen eso porque, a pesar de que no estar libre de controversias, la palabra rusa Chernobil se puede traducir como ajenjo, y el 25 y 26 de abril de 1986, el peor desastre nuclear ocurrió en la ciudad de Ucrania de ese nombre. Un reactor nuclear en la estación generadora de Chernobil explotó durante unas pruebas, lanzando enormes cantidades de lluvia radioactiva a la atmósfera las cuales se calculan que fueron 300 veces mayores que la bomba atómica que explotó sobre Hiroshima. Si usted vio la película “El Síndrome de China” se pudo dar cuenta que los reactores nucleares fuera de control pueden horadar el suelo y una vez que eso comienza nada lo detiene.

No hay ninguna notificación oficial de que eso sucedió o pudo suceder en Chernobil. Pero los esfuerzos para contener el daño aun prosiguen después de 25 años del accidente, y si los acuíferos europeos llegaran a contaminarse, es fácil ver cómo esta visión de Apocalipsis 8:11, puede ser exacta.

“El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche” (Apocalipsis 8:12).

Entre el humo del incendio de la hierba y los árboles, y las partículas lanzadas al aire por la colisión del meteoro, la atmósfera se ha vuelto tan densa que un tercio de la luz de los cuerpos celestes queda bloqueada. Eso me recuerda los reportajes de la televisión mostrando los incendios que las tropas de Sadam Hussein produjeron en los campos petrolíferos de Kuwait cuando iban en retirada hacia el final de la Primera Guerra del Golfo. El humo era tan denso que parecía ser de noche durante el día, el sol era como una oscura bola roja flotando en un cielo ennegrecido arriba. Eso es casi como se verán las cosas cuando el mundo aguarda el sonido de la quinta trompeta.

“Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!” (Apocalipsis 8:13).

El ser que vuela no es ningún águila ordinaria. El idioma griego utiliza la palabra normalmente traducida como ángel, para indicar algún tipo de mensajero sobrenatural que es enviado para preparar el mundo para lo que viene. Ya han sonado cuatro de las trompetas y la tierra está tambaleándose por esta arremetida. Pero ahora los juicios se vuelven sobrenaturales y son dirigidos a las personas mismas. La situación está por convertirse en personal.

 Apocalipsis 9

“El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo” (Apocalipsis 9:1-2).

Esta estrella ya había caído a la tierra en algún momento antes del sonido de la quinta trompeta, y al usar un pronombre personal, Juan la identifica como un ser viviente, lo más seguro uno sobrenatural. Sea lo que fuera que es se le dice que abra el pozo del abismo para que salga un enjambre de “langostas”.

“Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra. Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. Y les fue dado, no que los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre. Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos.

El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras eran como caras humanas; tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran como de leones; tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla; tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses. Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión” (Apocalipsis 9:3-11).

Estos seres no son langostas del tipo normalmente visto en la tierra. Las langostas normales son insectos vegetarianos, pero a estas se les manda que no dañen la hierba, ni cosa verde, ni los árboles. En lugar de eso ellas atacan a las personas, y cuando lo hacen los picarán como lo haría un escorpión, produciéndoles un dolor tan intenso que desearán la muerte. Se ha dicho que la picadura de un escorpión se puede comparar al dolor que el dedo pulgar siente cuando es golpeado fuertemente con un martillo, pero la picadura de un escorpión grande es como perforarle a uno el dedo pulgar con un clavo. La picadura de estos escorpiones no se compara con nada de lo que las personas han experimentado jamás. Su líder es el ángel del abismo, cuyo nombre significa “destructor” en ambos idiomas. (En uno de esos preciosos y pequeños momentos útiles de la sabiduría por la que la Palabra del Señor es notoria, Proverbios 30:27 nos dice que las langostas normales no tienen rey, lo cual nos guía a creer que estas “langostas” son algo más que langostas ordinarias.) Solamente los 144.000 testigos estarán protegidos de este insoportable dolor.

Juan ciertamente nunca antes había visto una cosa parecida, y al describirlas excedió los propios límites de su imaginación. Aquí es donde debemos apreciar la naturaleza de su desafío. Juan era una persona del Siglo I que había sido llamada a describir la guerra del Siglo XXI. Pero lo tenía que hacer de tal manera que todas las generaciones posteriores la pudieran interpretar también. Aun hoy día no podemos relacionar estas así llamadas langostas, con nada parecido en nuestro mundo. Estas son claramente manifestaciones demoníacas de algún tipo.

Ciertamente Dios ha ordenado el juicio, pero ¿está Satanás soltando a estos pequeños monstruos para que dañen a su propia gente? ¿Le fue ordenado hacer eso, o será algún esquema diabólico para aumentar aun más el odio que la gente de la tierra siente hacia Dios? ¿Pudo Satanás estar haciendo esto de manera deliberada para poder culpar a Dios por haberlo hecho, y así avanzar en su estrategia de convertir la oscuridad en luz y la mentira en verdad? Un poco más adelante, Juan nos informará que ninguno de estos tormentos hizo que los moradores de la tierra se arrepintieran de sus rebeliones.

“El primer ay pasó; he aquí, vienen aún dos ayes después de esto.

El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Eufrates. Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres. Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número.

Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca. Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban” (Apocalipsis 9:12-19).

Tradicionalmente el Río Eufrates ha sido la frontera territorial, cultural y religiosa entre el este y el oeste. Raramente han cruzado las costumbres, tradiciones y filosofías de un lado al otro. Como resultado, el mundo oriental es muy distinto en todo respecto de su contraparte occidental. Este pasaje ayuda a explicar el porqué eso es así. También ha existido una frontera en el mundo espiritual. Pero con esta orden que sale del mismo trono de Dios, la frontera se derriba y el efecto mortal no tiene comparación.

Los combatientes que son liberados al eliminar esta barrera terminan matando un tercio de la población mundial restante. Recuerde que un cuarto de la humanidad encontró su fin en los juicios de los sellos. Con este tercio adicional, más de tres mil millones de personas habrán muerto cuando esto termine, y todavía no ha comenzado la Gran Tribulación.

La causa de toda esta destrucción es que se desatan los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Eufrates, pero este río aun no ha sido secado para permitirles a los reyes del oriente que lo crucen. Eso sucede después en Apocalipsis 16:12. Por consiguiente, yo creo que este pasaje está describiendo la guerra que se lleva a cabo en lugares del Lejano Oriente en donde vive el 40% de la población mundial (muchas personas viven en condiciones de aglomeración lo cual aumenta el potencial para la matanza en masa) en donde las tensiones religiosas y étnicas son tradicionalmente altas, y en donde muchos países pueden formar grandes ejércitos. Creo que es la coalición formada por los ganadores de esta guerra la que arremete a través del río Eufrates que se ha secado, mientras que el anticristo está siendo distraído con otras sublevaciones (Daniel 11:40-44).

“Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar; y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos” (Apocalipsis 9:20-21).

Usted podría pensar que con esas langostas demoníacas atacando a la gente y que después de que tres mil millones de personas están muriendo por la guerra y otros desastres, la gente se apresuraría a buscar al Señor por consuelo y seguridad. Pero eso no sucede así, y le diré porqué.

Hay una creencia que siempre ha circulado y es tan antigua como la humanidad, pero que en los últimos días llegará a ser una religión que engañará a casi todas las personas. Esta se llama la doctrina luciferiana, y el entenderla nos ayudará a explicar porqué el mundo no se vuelve a su Creador en ese momento, el cual es el peor momento en la historia humana.

La doctrina luciferiana se llama así, por supuesto, por Lucifer, un nombre en latín que significa el “portador de luz”. Esta doctrina sostiene que Lucifer es el Ángel de Luz, el buen tipo que está tratando de iluminar a la gente del mundo para prepararla para la evolución espiritual necesaria que traerá la paz a toda la humanidad. Según esta doctrina, nuestra evolución física ha terminado y todo lo que necesitamos hacer ahora es liberarnos de las ataduras del pensamiento Judeo-Cristiano para poder completar nuestra evolución espiritual y así entrar en la tan esperada era utópica.

Pero Lucifer está siendo obstaculizado por el malo de Adonai (en hebreo Señor) Quien, junto con Sus seguidores, está trabajando para frustrar el gran plan de Lucifer, previniendo de manera efectiva nuestra evolución espiritual. Para que la humanidad pueda llegar a Utopía todas las personas que insisten en aferrarse a su obsoleta fe judeo-cristiana tienen que ser eliminadas. La Gran Tribulación está caracterizada por la doctrina luciferiana como el último gran esfuerzo del malo de Adonai de destruir al “portador de luz” de la humanidad y prevenir nuestra ascensión a Utopía, al mantenernos atados a Él.

Después de la desaparición de la iglesia la Verdad estará muy escasa en la Tierra y todo el mundo será engañado al creer en la doctrina luciferiana, tal y como Pablo advirtió que sucedería (2 Tesalonicenses 2:9-12). Así que naturalmente al creer que el Señor es el tipo malo, todas estas personas adoran a Lucifer con más intensidad, esperando que él sea quien prevalezca y ponga fin a sus sufrimientos (Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte… Proverbios 14:12). Por supuesto, Lucifer es también ampliamente conocido como Satanás o el diablo.

La próxima vez aprenderemos sobre los dos testigos, descubriremos en dónde será construido el Nuevo Templo y presenciaremos el evento en el cielo que señala el comienzo de la Gran Tribulación. Nos vemos entonces.

 

Título Original: Revelation 8-9

Traducido por Walter Reiche B.

walterre@racsa.co.cr

 

 

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