Dos Caminos, Dos Puertas, Una Meta

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14)

Este pasaje generalmente se cita en referencia a los diferentes caminos que toman los incrédulos en contraposición a los creyentes. De los incrédulos se dice que están en el camino ancho con muchos acompañantes, y todos van camino a su destrucción. Por el contrario, los creyentes forman un pequeño segmento de la humanidad y van por un camino angosto a la salvación. Esta diferencia la definen aun más algunas personas que la consideran concerniente a nuestro comportamiento. La puerta del incrédulo es ancha lo mismo que su camino, lo que supuestamente indica que hay lugar para toda clase de comportamientos pecaminosos, mientras que para el creyente es una puerta angosta lo mismo que el camino, sugiriendo que hay muy poco espacio para portarse mal. Un paso descuidado o dos y usted caerá en el camino ancho.

Si usted solamente se fija en estos dos versículos es fácil entender porqué muchas personas los ven de esa manera. Pero dentro del contexto del capítulo emerge un cuadro totalmente diferente.

En Mateo 7 todas las personas referidas afirman ser creyentes, y el énfasis es en su fruto. El Señor empezó por advertirnos en contra de juzgar a los demás.

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mateo 7:1-2).

Los versículos 3 al 5 tienen que ver con el juicio entre la comunidad de creyentes.

“¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”

Todos somos pecadores e hipócritas que tenemos la tendencia aun de abalanzarnos sobre los pecados “menores” de los demás mientras que ignoramos nuestra masiva lista de transgresiones. ¿Por qué es que las personas que ponen a prueba al máximo la paciencia del Señor generalmente son los más ásperos en sus acusaciones hacia los demás?

“Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?” (Romanos 2:1-3).

Los creyentes intolerantes que solo juzgan están convencidos de que están defendiendo la fe y que ellos recibirán el debido elogio del Señor. Pero estos versículos indican exactamente lo contrario.

En el tanto que ignoramos las advertencias de los versículos 3 al 5, nuestra indiferencia hacia el versículo 6 es aun más garrafal. Este tiene que ver con nuestra actitud hacia los incrédulos.

“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen”.

Esperar que el mundo incrédulo se conforme a nuestros estándares morales es ridículo. Y sin embargo, para el mundo la iglesia es conocida principalmente por su hipocresía del “más-santa-que-tú” al hacer exactamente eso. Como los fariseos de antaño exigimos que las otras personas vivan de acuerdo a nuestras normas de conducta las cuales nosotros mismos no cumplimos. Por ejemplo, se han hecho estudios que muestran que nuestras tasas de divorcios y de abortos no son diferentes que las de ellos. Y es un hecho conocido que nosotros también nos satisfacemos más de la cuenta en el adulterio, el robo, la glotonería, la avaricia, la codicia, etc.

Es como si nos hubiésemos olvidado del consejo del Señor de que la mejor forma de convertir el mundo es que la Iglesia se convierta en lo que supuestamente debe de ser, un agente de Su amor (Juan 13:34-35). “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Romanos 2:4). Es la bondad y la misericordia de Dios lo que atrae a la gente hacia Él, no la amenaza de la condenación.

Algunas personas piensan que se les persigue cuando los incrédulos aprueban leyes que contradicen nuestras creencias y restringen nuestras libertades mientras que promueven libertades para otros. Pero quizás es que ellos se están volviendo en contra nuestra por la manera como les hemos forzado nuestras creencias, como el Señor dijo que sería.

En Mateo 7:7-12 se nos explica el camino a la salvación. Esto se resume en el versículo 8. “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. No importa quien es usted ni lo que haya hecho. Si usted pide, recibirá. Este es un mensaje de esperanza que es necesario en nuestro tiempo, y no uno de juicio y condenación.

No creo que sea por accidente que el Señor preguntara en los versículos 9 y 10, “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?”. La comparación del pan con una piedra nos lleva a la tentación en el desierto cuando Satanás retó al Señor a que convirtiera las piedras en pan. Él respondió, “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). La Palabra de Dios es vida, y Jesús es el pan de vida (Juan 6:35). Las piedras están muertas. Si le pedimos vida, ¿en vez de eso nos dará el Señor muerte?

Pero la comparación de un pescado con una serpiente simboliza el pensamiento central de todo el capítulo. El pescado representa a Jesús y se convirtió en el símbolo de Sus seguidores. La serpiente representa a Satanás. Jesús les llamó a los líderes de la religión organizada de ese entonces, hijos del diablo (Juan 8:44), quienes con su insistencia sobre una obediencia ciega a sus leyes (Isaías 29:13) en vez de la fe en un Redentor venidero, hacían a sus convertidos doblemente hijos del infierno de lo que ellos eran (Mateo 23:15). Ellos había convertido el amor de Dios en una herramienta del diablo, y tristemente hoy en día han muchas personas en la Iglesia haciendo eso mismo.

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mateo 7:12). La frase “la ley y los profetas” era una expresión idiomática judía para referirse a sus Escrituras, el Antiguo Testamento. Mientras que creemos que la Regla de Oro es una idea del Nuevo Testamento, Jesús dijo que esta resumía el Antiguo Testamento también. Si usted no quiere ser juzgado, no juzgue. Si usted no quiere ser condenado, no condene. Si usted quiere misericordia, sea misericordioso. Si usted quiere ser perdonado, perdone. Si usted quiere recibir, dé (Lucas 6:36-38).

Hay una razón porqué los versículos 13 y 14 están a la mitad del capítulo y no al principio o al final. Hasta este momento hemos estado mirando a creyentes mal dirigidos que creen que están defendiendo su fe pero en lugar de eso se encontrarán defendiendo unas vidas sin fruto al momento del juicio. Ahora veremos unos ejemplos de aquellas personas que afirman estar en la Iglesia pero que en realidad se quedarán perdidas cuando suceda el Rapto.

Mateo 7:15-23 nos advierte en contra de los falsos profetas al decir, “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23).

Aparentar hacer milagros en el nombre del Señor no hace que una persona sea Su seguidora, por eso es que no las debemos aceptar a ciegas así nomás, sino debemos inspeccionar su doctrina. Recuerden que Satanás va a parecer que hace milagros y va a engañar a muchos (2 Tesalonicenses 2:9-10). Solamente aquellas personas que hacen la voluntad de Su Padre pueden clamar al Hijo sin importar qué más dicen o hacen. ¿Y cuál es la voluntad del Padre? Acá tenemos la respuesta del Señor. “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40).

En ningún otro lado se estipula con mayor claridad la voluntad del Padre con respecto a nuestra salvación. Cualquier persona que le agrega algún otro requisito o le pone alguna reserva a esta declaración (o le quita algo) es un falso profeta, aun si esa persona hace milagros en nombre del Señor.

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7:24-27).

Aquí tenemos el resumen de la declaración completa del Señor con una comparación final, esta vez dirigida a los liberales. En Mateo 16:16-18 Jesús le llamó a la confesión de Pedro de que Él era el Cristo (el Mesías), el Hijo del Dios Viviente, la roca sobre la cual Él edificaría la Iglesia. Pablo escribió que la roca que Moisés golpeó para darles agua a los Israelitas, representaba a Cristo. “Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1 Corintios 10:4). Desde los tiempos antiguos, el sacerdote llamaría al pueblo de Dios a la adoración diciendo, “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación” (Salmo 95:1). Y hoy día cantamos, “En Cristo sólida Roca estoy; arena movediza es todo lo demás”.

Una doctrina de salvación que se levanta sobre cualquier cosa que no sea en una relación personal con Jesús y que se deriva del ser nacido de nuevo, se sostiene precariamente sobre arena movediza (Juan 3:3): Solamente Él es el cimiento de nuestra fe, y a menos que nuestra salvación se levante exclusivamente sobre esta Roca, no nos servirá de nada cuando estemos delante de Él en ese Día.

Del contexto del capítulo podemos ver que el tópico del Señor era la salvación. No merecemos nuestra salvación así que no debemos juzgar a los demás cuando nos parece que ellos no merecen la suya. No tenemos ningún derecho de pensar en nosotros como que somos mejores que los incrédulos, por eso no debemos imponerles nuestros valores. Nosotros recibimos nuestra salvación simplemente porque la pedimos en fe. No había ningún mérito o valor involucrados, nada para recomendarnos. Pero sí debemos ser muy cuidadosos de aquellas personas que proponen otras alternativas a la salvación por gracia por medio de la fe únicamente, ya sea agregándole o quitándole, aunque hicieran milagros.

Y devolviéndonos a los versículos 13-14. Cada uno de los dos caminos es considerado por quienes los recorren como que son el camino a la salvación. Pero el nombre grabado sobre la puerta ancha es Obras y multitudes de personas que se llaman cristianos están luchando por entrar allí. Estos abarcan la gama desde el legalismo extremo hasta el liberalismo extremo, pero tienen en común la creencia de que su comportamiento es lo que los salva.

El legalista orgullosamente proclama, “Jesús pudo haber empezado mi salvación, pero yo la completé. He guardado los mandamientos y ya no peco más. He ganado el derecho de llamar a los demás para que respondan por su comportamiento. ¿De qué otra forma aprenderían?”

El falso profeta dice, “Yo hago milagros, como el Señor los hacía. ¿Quién duda de que no soy de Él?”

El liberal artificialmente modesto dice, “Soy una buena persona y he procurado vivir una vida buena. Hay muchos caminos para la salvación y mientras seamos sinceros en lo que creemos, el Señor lo entenderá y nos aceptará”.

Ninguno de ellos se da cuenta que el camino que transitan los lleva a la destrucción.

Pero al final del camino angosto se encuentra una puerta angosta sobre la cual está inscrita la palabra Fe. Cuando llegamos junto a unos cuantos viajeros que van por este camino, los podemos escuchar cantando suavemente,

“Tal como soy, sin una súplica,
pero tu sangre fue vertida por mí,
y que tú me trajiste hacia Ti,
Oh Cordero de Dios, aquí vengo, aquí vengo.”

Este es el camino a la Vida.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Selah. 18/07/09.

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