Salmo 20

Jehová te oiga en el día de conflicto; el nombre del Dios de Jacob te defienda. Te envíe ayuda desde el santuario, y desde Sion te sostenga. Haga memoria de todas tus ofrendas, y acepte tu holocausto.

Te dé conforme al deseo de tu corazón, y cumpla todo tu consejo. Nosotros nos alegraremos en tu salvación, y alzaremos pendón en el nombre de nuestro Dios; conceda Jehová todas tus peticiones.

Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra. Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie. Salva, Jehová; que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos.

Hay muchas personas que no son buenas para orar por otras, y aun hay otras que ni siquiera son buenas para orar por ellas mismas. Pero si alguna vez en su iglesia o en un grupo de estudio bíblico han orado por usted, usted sabe lo bien que se ha sentido después de eso.

Al rodearlo un montón de creyentes que ponen sus manos sobre su cabeza o sus hombros, mientras interceden por usted ante el Creador del Universo, le da un sentido de paz y de seguridad como nunca lo ha sentido antes. Usted se siente tan bien porque durante esos cortos minutos, usted, las personas que oran por usted, y Dios, tienen un mismo sentir. Esa es la manera que debe de ser todo el tiempo, pero tristemente, la mayoría de nosotros estamos tan preocupados con nuestros problemas como para pensar sobre la voluntad de Dios para nosotros, y menos darle pensamiento a otras personas.

Así que, ¿cómo hacer para que ese tipo de oración suceda? Muchas personas esquivan un grupo pero reúnen a algunos otros y les piden oración. Eso está bien mientras usted no se encuentre con alguien que no está de acuerdo con lo que usted está pidiendo. La idea es tener una misma mente, un solo sentir, para que las personas que oran por usted estén de acuerdo con lo que usted está pidiendo. Jesús dijo: “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 18:18-20).

Una mejor forma sería formando un grupo pequeño de oración. De esta manera se llega a conocer a todos los del grupo lo suficiente como para orar unos por los otros. ¿Le da vergüenza compartir un problema? Si su grupo de oración lo conoce lo suficiente estará dispuesto a confiar en usted, y usted en ellos. Recuerde que el Señor sabe de antemano lo que usted necesita, y Él es el único que importa. Usted no debe de permitir que su grupo de oración se convierta en un chismero.

¿Sabe usted si lo que pide está dentro de la voluntad del Señor? Pídales a sus amigos que le pregunten al Señor que indique claramente Su voluntad tanto para ellos como para usted. Tenga presente que usted no está solicitando la opinión del grupo. Usted les está pidiendo que le pregunten al Señor por Su opinión, y, de nuevo, Él ya conoce lo que usted quiere, así que no tiene que informárselo en la oración que usted haga.

Haga esto y descubrirá que únicamente la acción de orar traerá la paz que usted está buscando, muchas veces muy adelantada, a la resolución del problema. Hay algo sobre un grupo de creyentes que traen sus inquietudes ante el Señor que los energiza a todos; tanto al que necesita ayuda como a los que la están brindando. Su mente se aclarará y su imaginación creativa será liberada para descubrir la mejor manera, la manera del Señor, para la solución que usted busca.

Escuche las palabras del hermano del Señor, Santiago: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:13-16).

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