La furia del anticristo

Sábado, 30 de marzo de 2013

P. Pareciera que las personas que no creen en el rapto ven la tribulación como el período de la furia del anticristo solamente – una persecución de personas cristianas permitida por Dios. ¿Sería exacto decir que el período de la tribulación es la ira de Dios siendo desatada después del rapto, y que el anticristo está usando ese momento para hacerse Dios mientras puede?

R. Según Apocalipsis 6:15-17 el momento de la ira de Dios empieza con los juicios de los sellos. El primero de ellos es la aparición del anticristo. Esto coincide con Daniel 9:27 que dice que el anticristo confirmará un pacto de siete años con Israel, dando inicio así a la Semana Setenta de Daniel. Por consiguiente, todo el período de la Semana Setenta de Daniel es el tiempo de la ira de Dios. El término “la furia del anticristo” no es exacto bíblicamente.

Recuerde, la Semana Setenta de Daniel se desarrollará de acuerdo al plan de Dios. Esto significa que el anticristo estará jugando la parte que Dios le ha asignado para derramar Sus juicios sobre la tierra. En Apocalipsis 17:16-17 Juan escribió:

Y los diez cuernos (10 reyes) que viste en la bestia (el anticristo), éstos aborrecerán a la ramera (la iglesia apóstata del tiempo final), y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego; porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia (el anticristo), hasta que se cumplan las palabras de Dios.

Pablo dijo que el Señor rescatará a la verdadera Iglesia del tiempo y del lugar de la ira de Dios (1 Tesalonicenses 1:10), pero esta protección no se ha extendido a aquellas personas que llegan a la fe después del Rapto (Apocalipsis 14:12-13). Las personas cristianas de después de la Iglesia serán perseguidas durante los juicios de los tiempos finales, y muchas de ellas serán martirizadas por su fe, de tal manera que los amigos suyos que no creen en el rapto, sí están en lo correcto acerca de esa parte. Por eso es que es tan importante asegurarse que hayamos arreglado el asunto de nuestro destino eterno, mientras la Iglesia aún está aquí en la Tierra.

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