Entendiendo el Salmo 36:1-4

Q

Martes 10 de marzo de 2020

P: Estoy leyendo los Salmos. En el Salmo 36:1, David dice “Oráculo del pecado al malvado en medio de mi corazón (Lectura probable en la NVI). ¿Sería el oráculo el Espíritu Santo?

A

R: Aparentemente usted está leyendo eso de la Nueva Versión Internacional, la cual traduce el Salmo 36:1-4 como si fuera una percepción interna que sale de la mente de David desde su ser más interior con respecto a la pecaminosidad de una persona malvada. La percepción de David es que no hay temor de Dios ante los ojos del malvado. Su opinión de sí mismo es demasiado alta como para permitirle a esa persona poder detectar u odiar su pecado, o darse cuenta de que aún sus pensamientos son malos. Otras traducciones concuerdan con esta interpretación del Salmo 36:1-4.

Pero algunas traducciones lo ponen un poco diferente, diciendo, “La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos. Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, de que su iniquidad no será hallada y aborrecida… y el mal no aborrece.”

Ambas traducciones transmiten la misma idea, las personas malvadas son ciegas a su propia pecaminosidad y no se den cuenta de que aún los pensamientos que preceden sus acciones son malos. Puesto que David escribió los salmos bajo la inspiración del Espíritu Santo, es seguro asumir que la percepción que tuvo le vino del Espíritu Santo, sin tomar en cuenta cómo lee usted el versículo.