Divorciándose de una persona incrédula

Miércoles, 15 de febrero de 2017

P: Yo estaba casada con una persona incrédula la cual después de muchos años de matrimonio prefirió dejar el matrimonio basándose en nuestras diferencias. Yo no permitía ciertos comportamientos en nuestro hogar, como drogas, alcoholismo y otras actividades ilegales, por mi seguridad y la de mi hijo. Él le atribuyó esa resistencia a mi fe (sin mencionar que lo que hacía era ilegal) y me dijo que ya no era divertida. Él no quería vivir con las reglas y la ética que yo necesitaba y por las cuales vivía, y aun me sentía juzgada a pesar que no lo era, porque le pedí que mantuviera esas cosas fuera de nuestro hogar. Fuimos a sesiones de consejería con un consejero cristiano el cual se reunió con nosotros dos y también de manera individual, el cual eventualmente me dijo que nuestro matrimonio estaba terminado porque mi esposo ya no tenía ningún deseo de ser mi esposo ni renunciar a las cosas que estaban deshaciendo nuestro matrimonio, mi amor por él, mi confianza en él y mi respeto para él. Permanecimos separados durante 4 años antes de iniciar el proceso de divorcio y hoy en día estamos en buenos términos y él respeta mi fe como mía, a pesar de que no quiere tener nada que ver con eso.
El consejero matrimonial me dijo que mi divorcio estaba permitido por 1 Corintios 7:15, y que si yo volvía a casarme, no sería tomado como adulterio (Mateo 5:30-31).
¿Puedo tener su opinión sobre este veredicto? He conocido a un gran hombre en quien estoy interesada, pero a él también le gustaría tener más aclaraciones sobre eso ya que él es una persona cristiana y no hubo ninguna infidelidad en mi matrimonio que me guiara al divorcio.

R: Estoy de acuerdo con su consejero matrimonial. En Mateo 5 Jesús les daba instrucciones a quienes vivían bajo la Ley de lo completamente equivocados que estaban en sus obligaciones. Estar enojados con un hermano los hace culpables de asesinato, los pensamientos de lujuria los hacía culpables de adulterio, etc. En el mismo contexto, Él les hizo saber que no podían divorciarse con tan sólo darles a sus esposas una carta de divorcio. Era necesaria la base de la infidelidad matrimonial.

Pero aún la Ley incluía diferentes responsabilidades para los hombres que se casaban fuera de la religión. La disolución de esas uniones era muy diferente (Deuteronomio 21:10-14).

En 1 Corintios 7:15 Pablo escribió acerca de una persona incrédula que quería terminar su matrimonio por motivos religioso. Él dijo que la persona creyente no podía iniciar el divorcio, pero si la parte incrédula lo hacía, no debía oponerse a ello. El requisito del adulterio no se aplica en estos casos.

La razón para estos estándares diferentes es que Dios nunca quiso que Su pueblo se casara con personas incrédulas, pero cuando personas creyentes se casan, él quiere que permanezcan de esa manera. El matrimonio entre personas creyentes es un modelo místico de Cristo y la Iglesia y tiene la intención de mostrar que Jesús nunca nos dejará ni nos abandonará.

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