¿Encontrará fe en la tierra?

Domingo, 18 de enero de 2015

Un estudio bíblico por Jack Kelley

Luego de años de estudiar lo que la Biblia dice sobre la sanidad, hay dos cosas que permanecen claras para mí. Una es que Jesús es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Hebreos 13:8). La otra es que Él dijo que cualquiera que tenga fe podrá hacer las cosas que Él hizo (Juan 14:12). Pero los resultados que estamos obteniendo hoy día en la Iglesia Occidental, son muy diferentes de los que la Biblia le atribuye a Él. Una mente lógica solamente puede llegar a la conclusión de que algo ha cambiado, y puesto que Él no cambia, entonces solamente quedamos nosotros.

He llegado a la conclusión de que muchas personas han formado sus opiniones acerca de la sanidad por dimes y diretes o por observaciones personales, mientras que la Biblia nos dice de vivir por fe y no por vista (2 Corintios 5:7). Para poder demostrar mi punto, solamente cuente el número de veces en las que usted personalmente ha podido observar que alguna persona ha sido sanada. No que se lo hayan contado, sino que usted mismo lo ha presenciado. Si usted es como la mayoría de las personas, no sabrá de esas muchas curaciones, o quizás de ninguna.

En algún momento algo se desconectó al punto de que muchas personas creyentes están convencidas de que sin darnos ningún previo aviso Dios simplemente dejó de sanar a las personas. Algunas de las personas que promueven esa idea dicen que eso sucedió una vez que el Nuevo Testamento terminó de ser compilado. Ellas se basan en 1 Corintios 13:8-10 que en parte dice,

Las profecías se acabarán, las lenguas dejarán de hablarse, y el conocimiento llegará a su fin. Y es que sólo conocemos y profetizamos de manera imperfecta, pero cuando venga lo perfecto, lo que es imperfecto se acabará.”

La palabra griega para perfección en este pasaje también significa completo, así que esas personas interpretaron lo que Pablo escribió como que significa que cuando el Nuevo Testamento se completó los dones del Espíritu cesaron. El problema que yo tengo con esta interpretación es que no habrá forma para que ninguna persona puede entender esto sino hasta después del hecho, y esa interpretación nunca apareció en ningún registro de la Iglesia sino hasta cerca del año 1900 d.C. cuando se utilizó para refutar las apariciones de los dones espirituales en el movimiento pentecostal. Muchas denominaciones protestantes (aquellas en donde los dones espirituales no son evidentes) sostienen ese punto de vista hoy día.

Luego están las personas creyentes que se llaman a sí mismas dispensacionalistas de mitad de Hechos. Aseveran que la sanidad y otros dones espirituales fueron señales para los judíos de que los gentiles podían recibir el Espíritu Santo, y tan pronto como Israel fue oficialmente puesto aparte y el evangelio salió a los gentiles, esas señales terminaron. Dicen que la carta de Santiago, la cual contiene la promesa más directa de sanidad por medio de la oración en todo el Nuevo Testamento (Santiago 5:14-16), no fue escrita a los gentiles sino que fue escrita solamente para las personas creyentes judías. Algunas de estas personas cubren su apuesta asegurándonos que Dios puede sanar personas y algunas veces lo hace, así que todavía podemos orar por sanidad. Pero no debe sorprendernos si no sucede. Nuestra sanidad no puede llegar sino hasta la resurrección.

¿Tiene Fe?

Muchos de nosotros creemos que tenemos una gran fe, pero solamente contamos con quienes nos rodean para poder compararnos con ellos. Por ejemplo, ¿cree usted que alguna persona que está viva hoy día pueda calificar para ser incluida en Hebreos 11, llamado el salón de la fe por muchas personas?

Seguidamente hay algunos que sí calificaron. Elías desafió a los 400 sacerdotes de Baal a una prueba pública para demostrar su fe ante una muchedumbre de miles de personas. Ya anciano Daniel se enfrentó a los leones toda una noche mientras estos cada vez estaban más hambrientos. Según la tradición, Juan predicó el Evangelio mientras se le bajaba dentro de un caldero de aceite hirviendo, y permaneció predicando mientras el aceite se evaporaba a su alrededor. Pablo caminaba de ciudad en ciudad a sabiendas de que sería severamente golpeado como para necesitar ser sanado de manera sobrenatural antes de salir hacia otra ciudad. ¿Podrían nuestros exitosos “hombres de Dios” hacer algo parecido hoy día? Nombre algún mega-pastor, o algún autor cristiano, o algún tele evangelista, cuyo trabajo lo califique si Hebreos 11 fuera escrito hoy día. Ahora piense en el creciente número de pastores que no hacen un llamado al altar en sus propias congregaciones ¡por temor a ofender a alguien!

¿Supone usted que Jesús estaba mirando la constantemente debilitada fe de la humanidad entre Sus días y los nuestros, cuando Él preguntó: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). La fe crece por una dependencia día a día en Dios para que Él pueda cumplir Sus promesas en nosotros. Hemos tenido tantas buenas cosas por tanto tiempo que no hemos tenido la fe ni siquiera del tamaño de una semilla de mostaza para prosperar.

Y Así Empezó Todo

Cuando preparaba a los hijos de Israel para entrar en la tierra prometida, Dios hizo que Moisés les dijera estas cosas.

Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. Y el SEÑOR quitará de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te odiaran (Deuteronomio 7:13-15).

Es nuestra naturaleza buscar a Dios cuando no tenemos nada y estamos luchando, y Él nos bendice de vuelta. Cuando me convertí en creyente la primera vez, llegué a la conclusión de que uno de los productos más populares que vendía mi compañía no le era agradable al Señor, así que dejé de venderlo. Encontrando una forma para resarcir esta enorme pérdida monetaria, también me produjo una gran tensión, así que empecé a levantarme más temprano a orar por guía y darle gracias al Señor por las bendiciones que había recibido. Cada mañana pasaba una hora sobre mis rodillas en la sala de mi casa antes que los demás se levantaran. El Señor me bendijo a través de esos momentos trayéndome clientes cristianos cuyas necesidades yo podía satisfacer de una manera aceptable para Él. Las pérdidas monetarias fueron más que recompensadas.

Recuerde Quien Lo Ha Llevado A Donde Usted Se Encuentra

Alguien escribió una vez que la religión da a luz la prosperidad y luego la hija se come a la madre. Yo creo que esta persona quiso decir que Dios siempre ha prometido la abundancia a aquellos que le siguen, pero que eventualmente el hombre hará de la prosperidad su religión y abandonará a Dios. Por eso Dios le advirtió a Su pueblo en contra de eso.

Cuídate de no olvidarte del SEÑOR tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides del SEÑOR tu Dios (Deuteronomio 8:11-14).

Y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate del SEÑOR tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día (Deuteronomio 8:17-18).

Conforme aumentan las bendiciones y nos sentimos cada vez más seguros, por lo general se vuelve más difícil apartar un tiempo para orar. Empezamos a sentir que no tenemos que gastar nuestro valioso tiempo pidiéndole al Señor dirección. Al mismo tiempo, nuestra confianza crece y empezamos a creer que nuestro éxito lo hemos generado nosotros mismos. Esto significa que ya no tenemos tiempo para dar gracias. Cuando yo estaba más ocupado y viajaba más, me era más difícil dedicar una hora diaria a la oración, entonces intenté hacer dos cosas al mismo tiempo, orar mientras hacía ejercicios físicos o mientras conducía al trabajo. No era lo mismo, y pude darme cuenta lo fácil que es dejar de hacerlo del todo.

El Señor me sacó adelante con una serie de contratos que Él me envió y que me brindaron una hora de oración ininterrumpida cada día durante diversos vuelos a distintas ciudades en el Occidente de los EE.UU., en los que podía orar y leer mi Biblia. Durante un período de 10 años pude acumular tres millones de kilómetros a mi cuenta de viajero frecuente, casi todas ellas en vuelos de unos 60-90 minutos de duración. Siempre pensé lo diferente que las cosas habrían sido si simplemente me hubiera convencido a mí mismo de que estaba demasiado ocupado para orar, o que mi éxito se debía a mi propio talento y ya no necesitaba agradecerle al Señor ni buscar Su dirección.

No Se Necesita Mucho

La generación de israelitas que llegó a la tierra prometida experimentó algunos de los milagros, que más forjaban la fe, de todos los tiempos. Pero en Jueces 2:10, podemos leer esta increíble declaración.

Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía al SEÑOR, ni la obra que él había hecho por Israel”.

Dentro del lapso de una sola generación el pueblo se había olvidado del Señor y los poderosos milagros que Él había hecho por ellos. El Libro de Jueces registra uno de los momentos más bajos de su historia. Nos muestra que no se necesita mucho para destruir la fe de una nación. Para Israel solamente tomó una generación para descuidar la Palabra de Dios.

Y con las personas individuales eso sucede todavía más rápidamente. Deje de orar un día o dos, y le hará falta. Deje de hacerlo durante un mes y se olvidará de hacerlo. Sin embargo, usted aun asiste a la iglesia y aún puede estar involucrado en un proyecto o dos, o aun servir en alguno de los comités o junta directiva. Quizás usted busca personas a quienes ministrar o por quienes orar. Aun usted puede referirse a usted mismo como un seguidor de Jesús, y no simplemente como un creyente.

Algunas veces le llamamos a esto “madurando en la fe” lo cual quiere decir que ya no dependemos más del Señor. Pero los creyentes más poderosos entre nosotros nunca “maduran” de esa manera. Nunca llegan al punto de dejar de pedir Su guía o de sentir la necesidad de expresar su gratitud. Nunca sustituyen su fe por las obras. Recuerden, Pablo dijo que todo lo que se escribió en el pasado para nuestra enseñanza fue escrito (Romanos 15:4). Si nosotros no aprendemos de las lecciones de la historia de Israel, estamos condenados a repetirlas.

Necesitamos ejercitarnos más

Es muy probable que estemos entrando en un tiempo en el que el mundo en que crecimos ya no será más. Nuestra seguridad será sacudida, nuestras libertades serán restringidas, y nuestra fe será probada. Algunos de nosotros nos encontraremos de vuelta en la primera base cuando ya es demasiado tarde para empezar de nuevo. Entonces, ahora es el momento de empezar a ejercitar nuestra fe.

La fe para ser salvos es un don de Dios (Efesios 2:8) y el mantenernos salvos es Su trabajo (2 Corintios 1:21-22). Pero usted puede ejercitar su fe y hacerla más fuerte al leer diariamente la Biblia (Romanos 10:17) y hablándole al Señor sobre lo que usted ha leído, pidiéndole guía de cómo aplicarlo a su vida. La fe únicamente se fortalece cuando es acompañada por acciones (Santiago 2:17). Después de orar por dirección, haga algo que usted cree que Dios le está llamando a hacer. Usted puede empezar con algo tan pequeño como hablarle a alguien del Señor, ayudando en la preparación de alimentos para caridad, o en una misión de rescate, o visitando a algún enfermo. Luego el Señor le señalará mayores cosas que podrá hacer desde allí. Cada vez que usted tome un paso en fe, la fe que usted tiene crecerá para prepararlo para el próximo paso.

Sobre todo, ore sin cesar, no se afane en nada, y de gracias por todo. “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). Ya casi se escuchan los pasos del Mesías. 18/01/15