Las Tres Preguntas En Mateo 24

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? (Mateo 24:3).

Uno de los errores que cometemos al leer la Biblia lo produce nuestra tendencia de mirarlo todo a través del “cristal coloreado de la Iglesia”. Con ello quiero decir que leemos la Biblia como si todo se aplicara directamente a nosotros sin tomar en cuenta el contexto o el trasfondo histórico. Yo sé que Pablo dijo que todo lo que se había escrito en el pasado se había escrito para nuestra enseñanza (Romanos 15:4) pero eso no significa que todo fue escrito para nosotros. Significa que estamos supuestos a aprender de las experiencias de aquellas personas que estaban antes que nosotros. Un ejemplo importante de este tipo de error lo podemos encontrar en nuestra interpretación del Discurso del Monte de los Olivos. Les mostraré lo que quiero decir.

Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada (Mateo 24:1-2).

Estos dos versículos le ponen el tono a toda la discusión, pero en nuestro apuro para sacarle provecho al pasaje por lo general los ignoramos. De la narración de Marcos sabemos que después que Jesús dijo esto, cuatro de los discípulos se le acercaron para pedirle una aclaración. Ellos fueron Pedro, Jacobo, Juan y Andrés (Marcos 13:3), y le hicieron tres preguntas. ¿Cuándo serán estas cosas? (¿Cuándo será que todos estos edificios van a ser derribados?) ¿Qué señal habrá de tu venida? Y, ¿Cuál será la señal del fin del siglo? Veamos estas tres preguntas individualmente para poder saber más sobre los antecedentes que generaron estas preguntas.

¿Cuándo Serán Estas Cosas?

La vista de Jerusalén al atardecer desde el Monte de los Olivos es algo impresionante, aun hoy en día. En tiempos del Señor era aun más asombrosa porque el Templo estaba en pié. Para ellos ese era el edificio más bello jamás imaginado. El Talmud Hebreo dice, “Una persona que no haya visto el Templo en tiempos de Herodes nunca ha visto un edificio tan magnífico”. Ya habían pasado 46 años desde que empezó la construcción del Templo y aun no había sido terminado. Al atardecer el exterior de piedras calizas blancas reflejaba un color oro brillante, como si estuviera construido de oro puro. Repitiendo Su profecía del Domingo de Ramos (Lucas 19:41-44) Jesús dijo que el Templo sería totalmente destruido y que no quedaría piedra sobre piedra. La versión de Lucas del Discurso del Monte de los Olivos es la única que da una respuesta detallada a esta pregunta (Lucas 21:12-24)

¿Qué Señal Habrá De Tu Venida?

Obviamente esto significaba Su Segunda Venida y realmente Él brindó dos señales muy claras. Después de describir varias cosas que no serían señales específicas, sino más bien “dolores de parto”, Él les dio la primera señal en Mateo 24:15. Se trata de la abominación desoladora en el Lugar Santo, la cual señalará el comienzo de la gran tribulación (Mateo 24:21). La segunda señal solamente se describe como la Señal del Hijo del Hombre. Esta señal marcará el final de la gran tribulación (Mateo 24:29). Después de esa, el Señor retornará en las nubes con poder y gran gloria.

¿Cuál será la señal del fin del siglo?

Esta pregunta es más compleja de lo que ellos suponían cuando la formularon, a pesar de que la respuesta es simple. Ultimadamente, la señal del fin del siglo será el retorno del Señor. Esta es la pregunta que muchos creyentes pierden de vista. Es ese “cristal coloreado de la Iglesia” que mencioné anteriormente. Pero cuando ustedes entienden la perspectiva de los discípulos se darán cuenta de que no era posible que ellos estuvieran pensando sobre la Era de la Iglesia cuando usaron la frase “fin del siglo” como muchos cristianos asumen. Y la razón es la siguiente:

Más de 500 años antes, el Ángel Gabriel le dijo a Daniel cómo y cuándo llegaría el fin del siglo. Él dijo que desde el momento en que se les diera permiso a los judíos para restaurar y reconstruir Jerusalén, después del cautiverio babilónico, habrían 70 períodos de 7 años cada uno (generalmente llamados semanas porque la palabra hebrea que usó Gabriel significa “una semana de años”) para un total de 490 años (70 semanas).

Cuando los discípulos hicieron esta pregunta, ya habían pasado 483 años (69 semanas) y solamente restaba por cumplirse 7 años (1 semana). Ya ustedes podrán imaginar su asombro cuando Él les dijo que estando tan cerca, cuando el fin estaba a la vista, todo sería destruido. ¿Cómo podía ser eso? Ungir al Santo de los santos se refiere al Templo que ha estado en construcción durante los últimos 46 años y aun no se ha finalizado la obra. ¿Cómo es que va a ser destruido para ser reconstruido en solo 7 años?

Fue este asombro que los hizo hacer su pregunta. Ellos no sabían nada acerca de una Era de la Iglesia la cual causaría una pausa de 2000 años en la profecía de las Setenta Semanas de Daniel. Muchos de nosotros hoy en día no entendemos que la Era de la Iglesia no terminó con la Era de la Ley, sino que solamente la interrumpió. ¿Cómo es que ellos podrían haberlo entendido? (El hecho de que la Era de la Ley no ha terminado explica porque habrá un Templo erigido en Jerusalén pronto. Israel necesita completar esos siete años finales.)

40 días después de la Resurrección, aun después de haber recibido el Espíritu Santo (Juan 20:22) los discípulos todavía estaban pensando que el fin del siglo estaba cerca. Cuando Jesús los llevó al Monte de los Olivos desde donde Él pronto ascendería al Padre, ellos le preguntaron, “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” Una vez más, Él no les explicó nada sobre el futuro, sino que les dijo, “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:7-8).

Tengo Un Secreto

Jacobo reveló la respuesta a los apóstoles por primera vez 20 años después de la cruz.

Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:

Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre. Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos (Hechos 15:12-18).

Israel fue puesto a un lado mientras el Señor edificaba una Iglesia para Su nombre. Después de habernos tomado, Él volverá Su atención una vez más a Israel. Si el Señor les hubiera enseñado estas cosas, Jacobo no habría tenido necesidad de explicárselas. Y no algo que ellos habían escuchado y luego olvidado. Era que el Señor nunca se los dijo.

Y Pablo afirmó que él estaba revelando un antiguo misterio cuando le dijo a la Iglesia de Éfeso que a través del Evangelio los gentiles se estaban convirtiendo en coherederos con Israel (Efesios 3:4-6).

Viéndolo desde esta perspectiva queda claro que el Discurso del Monte de los Olivos no es para la Iglesia. Es la narración del Mesías Judío hablando en el Monte de los Olivos y dirigida a Sus seguidores judíos sobre el futuro de Israel. Para resaltar el punto, en Mateo 24:15 Él hizo referencia al Templo judío y en Mateo 24:16 Él habló de los seguidores del Antiguo Pacto en Judea, que es el nombre bíblico para Israel, al final de la era. Solamente los judíos practicantes no podrán huir en un Sabbath. Esas son las únicas referencias específicas a un grupo de personas en todo el pasaje. Ambas señalan a Israel y ambas están escritas en segunda persona (v. 15, cuando veáis… v. 20, Orad, pues, que vuestra huida…), lo cual indica que el Señor consideraba a los discípulos como representativos de Israel. El colocar a la Iglesia dentro del Discurso del Monte de los Olivos es cometer un error fundamental de interpretación. (Solamente la posición del Rapto antes de la tribulación evita que se cometa este error.)

¿Y Por Qué Eso Está Ahí?

Entonces, ¿por qué está el Discurso del Monte de los Olivos en el Nuevo Testamento si no es para la Iglesia? Existen varias y buenas razones. Primero, le brinda a la Iglesia una advertencia previa de las señales que podemos conocer de lo cerca que está nuestra partida. Los dolores de parto sirven como “indicadores cercanos” de que mientras sean más frecuentes, más cerca nos encontramos. Al mismo tiempo, en toda la Era de la Iglesia las señales que el Señor le dio a Israel no han sido evidentes, especialmente porque hasta el año 1948 no existía Israel. Esto es lo que hace que el renacimiento de la nación sea una señal preeminente de que los tiempos finales están sobre nosotros.

Segundo, la ausencia de cualquier referencia a la Iglesia muestra que no estaremos aquí durante el tiempo del que Él estaba hablando.

Y tercero, muestra lo que los creyentes de la tribulación, tanto de fuera como dentro del propio Israel, deben buscar para mantener su fe de que Él retornará para ponerle fin a su penosa experiencia.

Ni el Ángel Gabriel ni el Señor engañaron a Israel al no mencionar esta pausa indeterminada entre las semanas 69 y 70 de la profecía de Daniel. Por lo menos hasta la cruz y quizás hasta la ascensión la oferta del Señor de un Reino para Israel permaneció sobre la mesa. Los 40 días que el Señor pasó en Israel entre la Resurrección y la Ascensión, bien pudo haber sido un período de prueba (40 es el número de prueba), y su última oportunidad para aceptar el Reino. Esto también puede explicar porqué el Evangelio recibió una limitada exposición entre los gentiles durante el ministerio del Señor e inmediatamente después del mismo, y porqué pasaron 20 años después de la cruz antes de que se introdujera la doctrina del Rapto.

Claramente el Discurso del Monte de los Olivos fue primeramente dirigido a Israel y no menciona a la Iglesia. No importa el punto de vista que usted sostiene sobre la secuencia de los eventos de los últimos días, si usted está basado, o basada, en la suposición de que los discípulos son representativos de la Iglesia en el Discurso del Monte de los Olivos, ya es hora que revise su suposición. 13/06/09.

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