Saber si estamos en la voluntad de Dios

Q

Viernes, 9 de noviembre de 2018

P: ¿Podría por favor explicar de manera “práctica” cómo ceder nuestra voluntad para abrazar Su voluntad para nuestra vida? ¿Cómo se despoja de su viejo yo y se pone el nuevo yo, el cual se ha creado con verdadera rectitud y santidad? Puedo decir las palabras una y otra vez y ofrecer mi cuerpo como un sacrificio vivo, pero cuando nada cambia o no veo evidencia de cambio, ¿se supone que solo debo confiar en que Él está obrando Su gracia en mi vida, o hay pasos que me falta completar?

A

R: Tal vez usted está buscando en el lugar equivocado. El cambio no vendrá del exterior, sino del interior. Aquí hay algunas pistas para ayudarle a ver cómo le va.

Si usted tiene deudas, no está en la voluntad de Dios. Pero si se esfuerza por salir de las deudas lo más pronto posible, entonces usted está en Su voluntad.

Si usted trabaja hasta matarse para salir adelante, no está en la voluntad de Dios. Pero si está tratando de simplificar su vida para que pueda vivir a su propio nivel o por debajo de él, entonces está en Su voluntad.

Si usted está poniendo excusas por no ayudar a los demás porque no puede pagarlo, no está en la voluntad de Dios. Pero si siempre está buscando maneras de dar lo que pueda cuando puede porque está agradecido por lo que tiene, entonces está en Su voluntad.

Si usted se preocupa por el futuro, no está en la voluntad de Dios. Pero si confía en Él para cuidarse sin importar qué, entonces está en Su voluntad.

Si usted está demasiado ocupado para orar y estudiar, no está en Su voluntad. Pero si espera con interés su tiempo de oración y el deseo de su corazón es aprender todo lo que pueda acerca de él, entonces está en su voluntad.

Si usted insiste en hacer las cosas a su manera, no está en Su voluntad. Pero si se niega a dar un paso importante sin ir primero a orar para buscar dirección, entonces está en Su voluntad.

odos estos ejemplos provienen de versículos que explican la voluntad de Dios para nosotros. Haciéndolas en gratitud por lo que el Señor le ha dado es el comienzo de ofrecer todo su ser como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, un acto espiritual de adoración (Romanos 12:1).