¿Seré dejado atrás debido a mis hábitos?

Q

Miércoles 27 de noviembre de 2019

P: Soy una persona creyente. Fui educado en un hogar cristiano y tengo una apasionada creencia en Cristo y la gracia de Dios. No me avergüenzo de Jesús, como tampoco jamás lo negaré bajo ninguna circunstancia. Sin embargo, a una temprana edad elegí la profesión de barman y conforme envejezco me pongo a pensar cómo el Señor puede ver eso. Además, he desarrollado algunos fuertes hábitos con el correr del tiempo que yo sé que no son agradables al Señor, como tomar licor y el uso de drogas. ¿Me impedirá eso recibir las promesas que otras personas creyentes van a recibir? ¿Seré dejado atrás? Algunas veces siento convicciones, pero también siento que soy una persona compleja que no está definida por las cosas que son vistas por otras personas como malas.

A

R: En Juan 3:3 Jesús dijo, “El que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Lo opuesto a eso es también cierto. Todo aquel que nace de nuevo verá el Reino de Dios.

Sabemos esto porque en Juan 5:24 Él dijo, “De cierto, de cierto les digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no será condenado, sino que ha pasado de muerte a vida.” Con esta declaración y otras similares a ella, Él estableció la fe como el criterio para la salvación. Toda persona que cree es salva y nadie que es salvo será dejado atrás.

Pablo dijo que no debemos permitir que nadie nos condene por lo que comemos y bebemos (Colosenses 2:16). Tomar licor no es pecado, emborracharse sí lo es. La Biblia no menciona el uso de las drogas pero yo creo que los mismos estándares deben aplicarse. Además, sí dice que estamos obligados a cumplir con la ley (Romanos 13:1). Si las drogas son ilegales en donde usted vive entonces usted debe abstenerse de consumirlas. Lo más importante es que nos dice que debemos evitar hacer algo que pueda impulsar que un persona creyente más débil ceda a la tentación con la cual tiene problemas para resistirse (Romanos 14:21).

No importa lo que las demás personas digan, piensen o hagan. Lo que importa es lo que Dios quiere de usted. Si usted está sintiendo convicción y usted cree que se debe a su estilo de vida, usted debe prestarle atención y averiguar qué es lo que necesita cambiar. Usted será bendecido al responder al impulso del Espíritu Santo.