Convertirse en lo que somos

Lunes, 7 de enero de 2019

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

Si ustedes lo prefieren, pueden considerar este artículo como un seguimiento al estudio titulado «Está bien, soy salvo. ¿Y ahora qué?» Habiendo demostrado que una vez que hemos llegado a ser creyentes todos los pecados de nuestra vida fueron perdonados en la cruz, y el Señor ya no cuenta esos pecados en nuestra contra, ahora nos volvemos a la pregunta que lógicamente sigue. ¿Cómo debe un creyente responder ante un regalo tan increíble?

Pablo dedicó mucho tiempo describiendo la respuesta apropiada por el regalo gratuito de la vida eterna la cual se resume en su admonición “En todo caso, vivamos de acuerdo con lo que ya hemos alcanzado” (Filipenses 3:16 NVI). Por las palabras que usó sabemos que eso es algo que no hacemos nosotros para lograr o mantener nuestra salvación. Él dijo que ya la hemos obtenido. Pero esto lo hacemos como una expresión por nuestro sincero agradecimiento por habérsenos dado el regalo de la vida eterna. No nos engañemos aquí. Como incrédulos que éramos estábamos destinados al fuego del infierno.

En Efesios 2:1-5 Pablo puso esto en términos muy claros.

Y él a ustedes les dio vida cuando estaban muertos en sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia ustedes son salvos).

Y por si acaso no vimos esto, Pablo lo volvió a repetir en su carta a Tito.

Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con las personas, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna (Tito 3:3-7).

Pablo se esforzó en describir la manera como Dios nos veía antes que fuéramos salvos y salvas. Pero ahora, debido a la cruz, Él nos ve como una nueva creación (2 Corintios 5:17), habiendo obtenido la justicia de Dios (2 Corintios 5:21) por la fe en Su obra completa (Romanos 3:21-22). Y una vez más, debemos observar el tiempo pasado que usa Pablo en el párrafo anterior.

Sabiendo que todo esto ya ha sido hecho para nosotros y que nunca se nos puede despojar de eso sin importar lo que pase, veamos cómo debe ser nuestra respuesta más apropiada.

La Práctica De La Vida Cristiana

Así que, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios, que presenten sus cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, lo cual es el culto racional de ustedes. No se conformen a este siglo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente (Romanos 12:1-2).

Alguien dijo una vez, “La vida es lo que usted hace de ella. No es lo que sucede, sino cómo lo toma usted.” Todo lo relacionado con la práctica de la vida Cristina está dentro de nuestro control. No tenemos que comportarnos como todas las demás personas. Podemos ser transformados y eso empieza cuando elegimos comportarnos de manera diferente.

Por lo cual, desechando la mentira, hablen la verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Enójense, pero no pequen; no se ponga el sol sobre su enojo, ni le den lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.

Ninguna palabra corrompida salga de la boca de ustedes, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristen al Espíritu Santo de Dios, con el cual ustedes fueron sellados para el día de la redención. Alejen de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sean benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, como Dios también los perdonó a ustedes en Cristo (Efesios 4:25-32).

Yo creo que Pablo fue en realidad el primer sicólogo del comportamiento. Él enseñó que así como no siempre podemos controlar las circunstancias de nuestra vida sí podemos controlar nuestra respuesta a ellas. Tenemos un futuro tan grande y glorioso que nos está esperando, que no debemos preocuparnos acerca de obtener la aprobación de otras personas por actuar de la misma manera que ellas. Nuestra meta principal es complacer al Señor.

No juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados. Den, y se les dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando les darán a ustedes; porque con la misma medida con que miden, ustedes serán medidos (Lucas 6:37-38).

Escoger ser más tolerantes, perdonadores y generosos tendrá un efecto tan asombroso en nuestra vida que otras personas van a querer saber qué fue lo que nos transformó. En vez de estar tartamudeando y balbuceando en un penoso intento de “testificar” a los amigos y vecinos, nos daremos cuenta de que nuestra misma vida se ha vuelto en un testimonio de lo que Dios puede hacer, y así las personas se van a sentir atraídas a nosotros.

Esto es debido a que la práctica del vivir cristiano no se trata de hacer o no hacer algo, o por lo menos no en el sentido negativo. Recuerden que Jesús dijo que había venido para que tuviéramos vida y vida en abundancia (Juan 10:10)

A ese fin la Biblia dice que no debemos preocuparnos cómo vamos a sobrevivir, sino que debemos dejar que el Señor se encargue de nosotros (Mateo 6:25-34). No debemos dejar que lo que Pablo llamó esta leve tribulación momentánea nos derrote. No debemos mirar las cosas que se ven, sino las que no se ven (2 Corintios 4:17-18). Esto es aún más cierto para nosotros ahora más de lo que fue para la gente de Corinto hace 2000 años, porque muy pronto vamos a salir de este mundo para entrar al próximo en donde las cosas eternas con las que solamente hemos podido soñar, de un momento a otro serán nuestra nueva realidad

Mientras tanto, ¿usted odia su trabajo porque tiene un jefe muy difícil de tratar? Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor es a quien ustedes sirven. (Colosenses 3:23-24)

¿Son sus vecinos o socios difíciles de soportar? No paguen a nadie mal por mal; procuren lo bueno delante de todas las personas. Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, estén en paz con toda la gente. (Romanos 12:17-18)

Nosotros a quienes se nos ha dado todo no tenemos que preocuparnos por nada.

El Privilegio De La Vida Cristiana

Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocíjense! Que su gentileza sea conocida de todas las personas. El Señor está cerca. No se afanen por nada, sino sean conocidas sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:4-7).

Puesto que nos hemos convertido en hijos del Creador del Universo podemos regocijarnos en todo lo que nos sucede porque sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28). Siempre podremos estar en paz, aun cuando nuestro mundo parece que se está desmoronando a nuestro alrededor. Nada tememos, oramos por todo, y damos gracias en todo.

Jesús dijo: “Estas cosas se las he dicho a ustedes para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33)

Este mundo es un lugar maligno y oscuro, y a pesar de que somos hijos de Dios todo el mundo está bajo el maligno (1 Juan 5:19). En ningún lugar la Biblia nos promete una vida libre de problemas. Lo que sí nos promete es una vida de paz a pesar de las circunstancias. El Señor es nuestro vencedor y debido a ello es que tenemos el privilegio de estar en paz. No importa lo que suceda.

Yo he escuchado a la vida cristiana ser comparada con una montaña rusa. Una vez nos ponemos el cinturón en nuestro asiento le cedemos el control de nuestras circunstancias a alguien más. Pero debido a nuestra fe en la habilidad del operario para llevarnos seguros al destino, en realidad disfrutamos de las cosas desconocidas que encontramos durante el viaje.

Así es con nuestra vida en el Señor. Él no prometió que no tendríamos problemas. Al contrario, Él dijo que habrían problemas. Pero cuando los encontramos podemos estar en paz sabiendo que Él ha prometido guardarnos a través de ellos.

Perseveren en la oración, velando en ella con acción de gracias. Que tu palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepas cómo debes responder a cada uno (Colosenses 4:2, 6).

Piénselo. Podemos entablar una conversación con el Creador en cualquier momento que deseemos. Él siempre está ahí, nunca necesitamos sacar una cita, Él nunca está ocupado para atendernos. Ya sea que le pidamos un espacio de estacionamiento en una calle transitada o una guía sobre una carrera que queremos estudiar, Él siempre está disponible para escuchar y ayudar.

Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en ustedes toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abunden para toda buena obra; como está escrito:

Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre.

Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará los cultivos, y aumentará los frutos de la justicia de ustedes, para que estén enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. (2 Corintios 9:6-11).

Dios nos ha dado el privilegio de ayudarle a distribuir Sus recursos ilimitados a las personas necesitadas. Él ama tanto al dador alegre que cada vez que Él encuentra uno él lo enriquece en todo para que siempre pueda tener más que suficiente para él mismo y un exceso suficiente para que pueda ser generoso para con las demás personas en toda ocasión. Después del regalo de la vida eterna no existe otra promesa tan admirable en ningún otra parte de las Escrituras.

El Poder De La Vida Cristiana

Resistan al diablo y huirá de ustedes. (Santiago 4:7)

A pesar de que Pablo le llamó el dios de este siglo (2 Corintios 4:4), las personas cristianas no deben temerle al diablo debido al poder que se nos ha dado.

Pues aunque andamos en la carne, no guerreamos según la carne; porque las armas de nuestra lucha no son de este mundo, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:3-5).

Jesús nos mostró cómo hacer esto en las tentaciones en el desierto (Mateo 4:1-11). Utilizando solamente las Escrituras Él demolió cada uno de los argumentos del diablo y lo despachó lejos. Este mismo poder está a nuestra disposición. Solamente tenemos que conocer la Biblia lo suficiente para activarlo.

¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, su pecado se le perdonará (Santiago 5:14-15 NVI).

Como es el caso en todo lo que Santiago escribió, esta es una clara promesa que no tiene ninguna excepción ni equivocación. La Biblia no nos promete que no vamos a enfermar, pero sí nos promete que podremos ser curados. Es un poder por el que el Señor murió para dárnoslo.

Porque de cierto les digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, les digo que todo lo que pidieren orando, crean que lo recibirán, y será de ustedes (Marcos 11:23-24)

Y no solamente es sanar. Con suficiente fe podríamos literalmente mover montañas. Pero la fe es como nuestros músculos físicos. Mientras más los ejercitamos más fuertes se vuelven. Este es el caso en que nuestro estilo de vida estadounidense se ha vuelto nuestro enemigo. Ha sido tan fácil obtener las cosas que deseamos sin la ayuda del Señor. Es difícil poder recordar que la oportunidad no iguala al mandato. Pero solamente porque los bancos nos prestan más dinero del que podemos pagar no quiere decir que debemos endeudarnos para comprar cosas que no necesitamos ni podemos permitirnos tener. Quizás el Señor nos está quitando esas cosas ahora para ayudarnos a practicar el vivir por fe.

Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere (1 Corintios 12:7-11).

Las personas carismáticas con frecuencia hacen mal uso de sus dones debido a un exceso inmaduro de auto glorificación, mientras que las personas fundamentalistas evitan las suyas como una plaga, rehusando reconocer su mera existencia. Pero si los dones del Espíritu Santo fueran utilizados de la manera como Pablo describe, el mundo no podría oponerse a su poder.

Cada uno de nosotros ha sido dotado y podríamos utilizar el poder que nuestros dones contienen para tener un efecto importante en el pequeño rincón del mundo en que vivimos. Romanos 12:1-8 nos dice cómo podemos descubrir y usar nuestros dones.

La Protección De La Vida Cristiana

Y el que nos confirma con ustedes en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones (2 Corintios 1:21-22).

De esta manera hemos cerrado el círculo. Nunca sea dicho que a pesar de que Dios tiene el poder de salvarnos, Él carece del poder para protegernos.

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos (Juan 10:27-30).

Una compañía de seguros dice que estamos en buenas manos con ellos, pero los creyentes disfrutan del máximo ejemplo de estar en buenas manos. Nuestra póliza de seguros ha sido pagada en su totalidad y nuestra cobertura nunca expira. Ni siquiera nosotros mismos nos podemos arrebatar de Sus manos.

Por lo demás, hermanos míos, fortalézcanse en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vístanse de toda la armadura de Dios, para que puedan estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra seres humanos, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efesios 6:10-12).

La armadura de un soldado solamente lo protege cuando la usa, y nunca pensaría ir a la guerra sin estar completamente protegido. Nosotros somos extraños detrás de las líneas enemigas y como tales somos combatientes en una batalla que está en curso. Se nos ha dado una armadura impenetrable, pero para que la misma nos pueda proteger debemos ponérnosla y mantenerla puesta.

El Sentido De La Vida Cristiana

Esto nos lleva a lograr la meta que más deseamos alcanzar en la vida. Anteriormente dije que luego de ser salvos y salvas, nuestra meta principal se convierte en agradar al Señor. Cuando nos deleitamos en el Señor Él nos concede las peticiones de nuestro corazón (Salmo 37:4). Al combinar la práctica, el privilegio, el poder, y la protección de la vida cristiana finalmente podremos lograr la completa libertad personal. A pesar de que aún estamos en el mundo ya no seremos más del mundo. Siguiendo las instrucciones de la vida cristiana nos liberamos de todas las emociones negativas que nos han afligido en el pasado. No más preocupaciones, no más tensión, no más de ese sentido de no estar en control. Ya no tenemos que estar preocupados y preocupadas con tener suficiente dinero, o de salir adelante, o de mantenernos a la par de las demás personas.

Las incertidumbres de esta vida que tanto preocupan a las demás personas no nos molestarán ya más. Ya no importa quién queda electo en algún puesto, o qué tan mal está la economía, o si el gobierno va a seguir incumpliendo sus promesas. Finalmente entenderemos el sentido completo de las palabras del Señor, “Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres” (Juan 8:36). Gloria a Dios. 13/04/13.