El Relato de Ester… Parte 1 (Introducción y Capítulo 1)

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Miércoles 13 de marzo de 2019

Parte 1 de 4

Un estudio bíblico por Jack Kelley

(NOTA: El Libro de Ray C. Stedman “The Queen and I” (La Reina y Yo) fue la principal fuente de inspiración de esta serie de artículos sobre el Libro de Ester.)

La manera como Ester pudo haberlo contado hoy día

A pesar de que mi nombre hebreo es Hadasa, que se deriva del nombre del mirto, muchas personas me conocen por mi nombre persa, Ester. Esta es la historia de cómo yo subí de ser una joven huérfana en cautiverio para convertirme en la Reina de Persia, que era la nación más poderosa de la tierra en ese momento. Muchas personas “entendidas” (Martín Lutero era una de ellas) han expresado dudas de que mi relato si quiera esté en la Biblia, porque pareciera ser un tema tan secular. Como evidencia de ello, ellos afirman que el Nombre de Dios nunca se menciona. Pero como se los mostraré, Su nombre aparece cinco veces, a pesar de que en cada ocasión se encuentra oculto en el texto hebreo. De hecho “Algo Oculto” sería un buen subtítulo para mi relato porque, conforme se desarrolla, hay muchas más cosas ocultas que solamente el Nombre de Dios. Todo fue puesto aquí para el conocimiento de ustedes, como una recompensa para el estudiante diligente.

Muchos años antes que yo naciera, mi familia había sido llevada a Babilonia desde Jerusalén junto con los demás judíos en lo que se conoce como el Cautiverio Babilónico, un juicio de 70 años que comenzó en el año 586 a.C. con la destrucción de Jerusalén y del Templo de Salomón. Mis padres murieron cuando yo todavía era una jovencita, así que mi primo mayor, Mardoqueo, me crió como si fuera descendiente suyo. Mi relato ocurre después de que Ciro de Persia había conquistado Babilonia y había liberado a mi pueblo de la servidumbre, pero antes de que Esdras saliera con un gran grupo de voluntarios para dar inicio a la reconstrucción de nuestro Templo en Jerusalén y reestablecer nuestra nación.

Fue un tiempo glorioso de paz el que disfrutamos durante el reinado persa, el aire se respiraba más fresco, el cielo parecía más azul y las estrellas eran más brillantes debido a ello. Todos los enemigos de Persia habían sido conquistados, incluyendo la gran Babilonia que durante tanto tiempo fue considerada invencible. Sin ningún peligro externo presente, el Rey Asuero, también llamado Jerjes, decidió preparar una gran celebración en honor a la paz. Invitando a sus gobernadores y a otros oficiales de todo el reino (el cual se extendía desde India hasta Egipto y abarcaba 127 provincias) hizo una fiesta que duró 180 días la cual fue coronada con un abundante banquete que duró siete días. En el último gran día del banquete, el rey no sentía ningún dolor y después de alabar la inigualable belleza de su Reina Vasti, les ordenó a sus siervos que la trajeran al salón del banquete para que todos sus príncipes y nobles pudieran refrescar su vista en ella y envidiar su buena fortuna.

Ustedes pensarán que la reina estaría emocionada de recibir toda la atención, pero para sorpresa de todos los invitados, ella se rehusó comparecer ante ellos. Decir que el rey estaba enojado sería quedarse uno muy corto. Nadie podía desobedecer al rey de Persia y vivir para contarlo. Él y sus nobles pronto acordaron de que si ella no era castigada, todas las esposas pronto desobedecerían también. Le aconsejaron desaparecer a la Reina Vasti de su presencia y buscar otra reina para reemplazarla, y él estuvo de acuerdo. Ese mismo día emitió el decreto de deponer a Vasti, jurando nunca más verla.

En el texto hebreo que describe este evento, aparece la primera aparición oculta del Nombre de Dios. Las primera letra de las palabras hebreas para “todas las mujeres darán honra a sus maridos” en lo que ahora se llama el versículo 20 del capítulo 1, forman las siglas YHVH, que son las iniciales del Nombre de Dios. Hay un total de cuatro apariciones similares. Esta primera habla sobre la reina. La próxima será pronunciada por la misma reina (5:4) y, de la misma manera, está formada por las primeras palabras. En ambos casos cuando el acrónimo consiste de las primeras letras, los hechos iniciales de un evento están siendo revelados.

El tercer acrónimo aparece cuando se habla de Amán (5:13), y el cuarto lo pronuncia Amán (7:7). Estos dos están formados por las últimas letras de las palabras hebreas en los versículos correspondientes, y en ambos casos, la etapa final de los eventos es lo que se está describiendo. Estos cuatro acrónimos contienen las letras YHVH.

El primero y el tercer acrónimos lo pronuncian personas gentiles y se leen de izquierda a derecha, como en todos los idiomas al este de Jerusalén. El segundo y cuarto acrónimos los pronuncian personas israelitas y se leen de derecha a izquierda como todos los idiomas al oeste de Jerusalén.

También hay un quinto acrónimo (7:5) formado por unas últimas palabras, pero en orden inverso, y en este caso, las letras que se utilizan son EHVH, que es otra forma del Nombre de Dios, el que Él usó en la zarza ardiendo y que se ha traducido como “Yo soy”. Esto hace que sean cinco las apariciones ocultas del Nombre de Dios. Cinco es el número de la gracia y por supuesto, mi relato es una bella ilustración de la Gracia de Dios, oculta en el Antiguo Testamento, pero revelada en el Nuevo Testamento.

Pero volvamos a mi relato. No fue sino hasta más tarde que me di cuenta del motivo que tuvo la reina Vasti para desobedecer. Ella rehusó obedecer la orden del rey para desfilar frente a todos esos nobles borrachos en el banquete porque la orden era que solamente usara su corona y nada más. Por eso fue que ella declinó hacerlo.

Después que terminó la fiesta y el rey estaba sobrio, recordó lo mucho que Vasti había significado para él, y lamentó mucho el haberla desechado. La ausencia de la reina causó un gran vacío en su corazón, y le causó gran dolor que ya no estuviera con ella. Pero las leyes persas no pueden ser revocadas, ni aun por el mismo rey, así que tuvo que tragarse su decisión. Sus consejeros, viendo lo triste y solo que se encontraba, le sugirieron que se buscara en el imperio a muchachas jóvenes, bellas y vírgenes, para que las trajeran a la capital y fueran cuidadosamente preparadas para él. Después de entrevistarlas, él podía escoger su favorita para que pudiera olvidar a Vasti. El rey estuvo de acuerdo y así fue como yo llegué a su vida.

Ahora es un buen momento para detenernos a descubrir algo más que está escondido en mi relato. Adicionalmente a ser un hecho histórico real, cuyos momentos lo celebran hasta este día los judíos en la Fiesta de Purín, mi relato también es un asombroso modelo de la relación apropiada entre el ser humano y Dios. Es como una parábola en la que cada personaje también representa a alguien más.

Para poder revelar estos misterios escondidos, vamos a asumir que el rey representa nuestra alma, nuestra mente, nuestra voluntad, y nuestras emociones. La reina representa nuestro espíritu y nuestra esencia eterna. Mi primo Mardoqueo, a quien pronto vamos a conocer, representa al Espíritu Santo. Amán, un maligno consejero del rey, a quien pronto conoceremos también, representa nuestra naturaleza pecaminosa, o la carne, bajo la influencia de Satanás. La ciudad capital es nuestro cuerpo, y el Reino, nuestro mundo y los entornos sobre los que ejercemos influencia.

Y el orden correcto para las comunicaciones espirituales apropiadas coloca a Dios en la parte de arriba, y en orden descendente, el Espíritu Santo, nuestro espíritu y luego nuestra alma. Como seres vivientes, hemos sido diseñados para funcionar bajo la Palabra revelada de Dios, comunicada a través del Espíritu Santo a nuestro espíritu y luego a nuestra alma, en donde se traduce en el comportamiento. Cuando eso sucede así, entonces es cuando estamos en paz.

Cuando nuestro relato empezó, el rey y la reina estaban sentados en sus tronos. Había paz en la ciudad capital y ciertamente en todo el reino. Esto representa al hombre funcionando según lo que fue diseñado, reinando sobre su reino dentro de los parámetros de la Palabra revelada de Dios como se comunica por medio del Espíritu Santo.

Pero en un estado emocional problemático, el rey invirtió el orden de las comunicaciones, permitiendo que las emociones que emanaban de su alma gobernaran su comportamiento. Su lujuria produjo una orden inapropiada y su ira por la desobediencia de la reina, causó que ella fuera eliminada. Pronto lo lamentó, sintiéndose triste y solo, pero el daño ya se había hecho. Esto es lo que sucede cuando permitimos que nuestros sentimientos reemplacen la Palabra de Dios como la guía de nuestro comportamiento. Se interrumpe la vía de comunicación y empezamos a sentirnos tristes y solos. Hemos perdido contacto con nuestro Consolador. Y como veremos, una vez que eso sucede perdemos la paz, ya sea dentro de nosotros o en nuestro alrededor, porque se le abre la puerta a nuestra naturaleza pecaminosa, que es la carne, para que tome control.

En el próximo artículo (Parte 2), dará comienzo la búsqueda de una nueva reina, Amán y Mardoqueo empiezan su batalla para ganarse la atención del rey, y una conspiración para asesinar al rey lleva a un complot aún más siniestro para destruir a mi pueblo. También nos daremos cuenta cómo es que la carne lucha sin compasión para mantener la autoridad sobre el espíritu una vez que se lo hemos permitido. Entonces, esperemos para comenzar.