El Relato de Ester … Parte 4 (Capítulos 8-10) Conclusión

Lunes 25 de marzo de 2019

Parte 4 de 4

Un estudio bíblico por Jack Kelley

Con la muerte de Amán y la elevación de Mardoqueo a Consejero Principal, ustedes pensarán que se acabaron nuestros problemas, sin embargo, aún estaba vigente la orden de exterminio sobre mi pueblo en Persia, de la cual debíamos hacernos cargo. Caí sobre mis rodillas y le rogué al rey que anulara la orden de Amán.

El rey le respondió a Mardoqueo, “Ya que Amán atacó a los judíos, ya le he dado sus propiedades a Ester, y ellos lo colgaron en la horca. Ahora escribe otro decreto en nombre del rey a favor de los judíos como mejor te parezca, y séllalo con el sello del anillo real – porque ningún documento escrito en nombre del rey y sellado con su anillo puede ser revocado”.

El rey estaba otorgándole a Mardoqueo la autoridad para escribir otro decreto que suplantaría la orden de exterminio, a pesar que el rey no tenía el poder para anular la orden de Amán puesto que había sido emitida con la firma del rey y sellada con el sello de su anillo. Los judíos todavía se encontraban bajo amenaza de muerte y no había nadie que pudiera hacer algo para evitarlo.

Y lo mismo sucede con ustedes. Cuando se llega a la edad del uso de la razón ya uno es responsable de sus acciones está propenso a ser ejecutado bajo la ley del pecado y la muerte. Y no hay nada que usted pueda hacer para cambiar eso. Todos los intentos que usted haga en su propia ayuda, son inútiles. De hecho, mientras más fuertemente lo intenta usted, su ruego se vuelve peor. Solamente el Espíritu Santo puede cambiar las cosas. Con él en su vida, usted puede apelar a una ley superior, la Ley de la Gracia. Esta Ley ha suplantado la ley del pecado y de la muerte. El Apóstol Pablo escribiría sobre eso en la Carta a los Romanos, Romanos 8:2.

Después de leer de nuevo el edicto de Amán, descubrimos que él había olvidado prohibirle a los judíos que se organizaran y se pudieran defender en contra de sus enemigos. Aquí estaba el portillo que estábamos buscando. Obligados a mantener la orden de exterminio vigente, simplemente publicamos una variación la cual le permitía a los judíos pelear en defensa propia. Y puesto que Amán había autorizado a sus enemigos para apropiarse de la riqueza y propiedades de los judíos que mataran, extendimos los mismos privilegios a los judíos que vencieran a sus atacantes. El campo de juego parecía que ahora se había equilibrado, pero nuestros enemigos pronto descubrirían que nosotros teníamos un arma secreta. A pesar de que nuestro pueblo todavía tenía que luchar por su vida, la victoria estaba ahora asegurada.

Cuando Mardoqueo salió del palacio ese día, estaba vestido con las ropas reales color azul y blanco, luciendo una gran corona de oro sobre su cabeza y un manto de lino y púrpura. Al verlo, una celebración espontánea brotó de mi pueblo en la ciudad capital y pronto se esparció por todo el reino. El poder e influencia de Mardoqueo creció rápidamente debido al edicto que él había publicado otorgándonos el derecho de la defensa propia. Muchas personas de varias nacionalidades empezaron a convertirse al judaísmo y los gobernadores de las 127 provincias se apresuraron a ganarse el favor de Mardoqueo al mostrar su benevolencia hacia nosotros.

El día que se hacía efectivo el edicto de Amán, todos los judíos en todos lados, se unieron y salieron a defenderse en contra de los que se habían reunido para atacarnos; yo creo que ustedes le podrían llamar a eso un ataque preventivo. Debido al poder y gran influencia de Mardoqueo con el rey, hubo un gran temor hacia los judíos y nadie se nos pudo enfrentar. Todos los oficiales de Persia nos ayudaron para quedar bien con Mardoqueo. El poder de mi pueblo venía directamente del trono. Derrotamos a todos nuestros enemigos, y aun matamos a los diez hijos de Amán, pero no tomamos nada de sus pertenencias a las que teníamos derecho. La victoria solamente es pura en ausencia de la ganancia personal.

Bajo la ley del pecado y de la muerte, no se permite ejercer ninguna defensa. Todos son culpables y se deben someter al castigo. La Ley de la Gracia suplanta la ley del pecado y de la muerte, pero se requiere un ataque preventivo. (Ustedes deben aplicar la Sangre del Cordero.) De la misma manera, ustedes hacen uso del poder que viene directamente del Trono para obtener la victoria sobre sus enemigos espirituales, y de esa manera, anulan la orden de exterminio que hay en contra de ustedes.

Al finalizar ese día el rey me preguntó si yo deseaba algo más, y una vez más me ofreció hasta la mitad del reino. Le respondí que yo quería que el edicto que le permitía a los judíos atacar a sus enemigos, fuera extendido un día más. También le pedí que los cuerpos de los diez hijos de Amán fueran colgados en la plaza pública para que todos los de la ciudad los pudieran ver. El rey alegremente me concedió ambas solicitudes.

Cuando mi relato fue escrito la primera vez, cada uno de los diez hijos de Amán estaba nombrado en una línea aparte con el nombre al inicio de la línea y la palabra hebrea para “yo” al final, separada por un largo espacio en blanco en el centro. Cuando ustedes ven estos diez nombres traducidos al español, esta enigmática manera de nombrarlos tiene sentido. Seguidamente aparecen los nombres con su significado en español con la palabra “yo” agregada al final.

Parsandata significa “el auto yo”, una persona ocupada.

Dalfón significa “el llorón yo”, se tiene lástima.

Aspata significa “el suficiente yo”, auto suficiente.

Porata significa “el generoso yo”, auto indulgente, un derrochador.

Adalía significa “el debilitado yo”, un complejo de inferioridad.

Aridata significa “el fuerte yo”, asertivo, sobre orientado.

Parmasta significa “el preeminente yo”, ambicioso.

Arisai significa “el atrevido yo”, insolente, descarado.

Aridai significa “el digno yo”, orgulloso.

Vaizata significa “el puro yo”, auto justificado.

El exhibir públicamente los cuerpos de los diez hijos de Amán, significa matar estos diez pecados representativos. (El número diez significa la plenitud del orden divino, que nada queda pendiente, y que el ciclo se ha completado.) Esos nombres revelan el intenso valor personal de la victoria sobre nuestra naturaleza pecaminosa. Como ustedes pueden observar del significado de los nombres, cada uno de esos diez originalmente fue una característica deseable, una parte de la Imagen de Dios en la que fuimos creados. Pero la contaminación de la naturaleza pecaminosa, simbolizada por la adición de la palabra “yo”, las distorsionó como se indica con el segundo significado, y se volvieron ofensivas a Dios. Toda la creación de Dios, la cual fue una fuente de gozo para Él, fue distorsionada por Satanás, haciéndola una perversión de su estado original.

El reversar esta contaminación no es tan sencillo como que solamente cambiemos nuestro comportamiento. Debido a su naturaleza pecaminosa, el corazón de las personas es engañoso más que cualquier otra cosa, y perverso, y no tiene cura (Jeremías 17:9). Sentenciando a muerte nuestra naturaleza pecaminosa y entregándole nuestra vida al Espíritu Santo es la única forma de que la regeneración pueda comenzar, y eso solamente se completará en la resurrección cuando nuestro corrompido yo sea una vez más hecho incorruptible, de la manera como Dios diseñó que fuera.

Finalmente, la batalla terminó y la victoria fue ganada. Una vez más la paz estaba a la orden del día. Mardoqueo ordenó que se hiciera una celebración y entre él y yo escogimos el nombre de “Purín” para la misma. Es la forma plural de la palabra “pur”, que significa echar suertes. (Recuerden que Amán y sus compinches echaron suertes para determinar en cuál día seríamos destruidos.) Entonces emitimos una proclama a través del reino estableciendo los días 14 y 15 de nuestro mes de Adar (Febrero-Marzo) como la fecha de la celebración anual de la Fiesta de Purín, y así se ha mantenido hasta este día.

Por el hecho de que esta fiesta aún se celebra en las comunidades judías alrededor del mundo, ustedes se podrán dar cuenta de que mi relato en verdad sucedió. La historia detrás de la historia describe la batalla entre el Espíritu y la naturaleza pecaminosa e ilustra el orden apropiado de las comunicaciones entre nuestro Creador y nosotros. Nos muestra porqué el Señor ordenó que mi relato fuera parte de Su Libro, el cual, después de todo, es el Manual del Propietario para la humanidad.

Ahora que ustedes han leído y entendido mi relato, es mejor que se equipen muy bien para la pelea y que ganen esta batalla y así puedan experimentar el increíble gozo que solamente las comunicaciones apropiadas pueden darles. Al hacer esto, ustedes estarán complaciendo grandemente a nuestro Señor y estarán haciendo posible que ustedes puedan vivir la vida a la cual Él les ha llamado. Shalom, o como dicen los persas, Shalom aleikom. 12/05/2004.