Las tres preguntas de Mateo 24

Lunes 16 de agosto de 2021

Un estudio bíblico por Jack Kelley

Y estando Jesús sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? (Mateo 24:3).

Uno de los errores que las personas cristianas cometen al leer la Biblia sw debe a nuestra tendencia a verlo todo a través del “lente de colores de la Iglesia.” Con eso quiero decir que la leemos como si todo se aplicara directamente a nosotros sin importar el contexto o el trasfondo histórico. Yo sé que Pablo dijo que todo lo que se escribió en el pasado fue escrito para enseñarnos (Romanos 15:4) pero eso no quiere decir que todo fue escrito para nosotros o acerca de nosotros. Quiere decir que estamos supuestos a aprender de las experiencias de las personas que fueron antes de nosotros. Un ejemplo principal de este tipo de error lo podemos encontrar en nuestra interpretación del Discurso del Monte de los Olivos (Mateo 24—25). Les mostraré lo que quiero decir con eso.

Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Él les respondió: ¿Ven todo esto? De cierto les digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mateo 24:1-2).

Estos dos versículos montan el escenario para toda la discusión, pero en nuestra prisa para obtener la “carne” del pasaje, generalmente los ignoramos. De la narración de Marcos sabemos que después que Jesús dijo esto, cuatro de Sus discípulos se le acercaron para que se los aclarara. Ellos fueron Pedro, Jacobo, Juan y Andrés (Marcos 13:3), quienes le hicieron 3 preguntas. ¿Cuándo serán estas cosas? (¿Cuándo todos estos edificios serán destruidos?) ¿Qué señal habrá de tu venida? ¿Qué señal habrá del fin del siglo?

Entonces, veamos cada pregunta individualmente para obtener más de los antecedentes que provocaron estas preguntas. Nos daremos cuenta de que las dos primeras son muy simples, pero la tercera es un asunto totalmente diferente.

¿Cuándo sucederán estas cosas?

La vista de Jerusalén al atardecer desde el Monte de los Olivos era impresionante, y lo sigue siendo aún hoy en día. En tiempos del Señor era todavía más impresionante más porque el Templo todavía estaba en su lugar. Para ellos ese era el edificio más bello que se podían imaginar. Hay un dicho basado en el Talmud que dice, “Alguien que no ha visto el Templo del tiempo de Herodes nunca ha visto un edificio tan magnífico.” Su construcción tenía ya 46 años de estarse efectuando y aún no estaba terminado. En el atardecer su exterior de piedra caliza blanca se veía de una tonalidad dorada, como si estuviera hecho de oro puro.

Repitiendo Su profecía del Domingo de Ramos de Lucas 19:41-44 Jesús dijo que el templo y los edificios circundantes serían destruidos totalmente y que no quedaría piedra sobre piedra en su lugar. La narración de Lucas del Discurso del Monte de los Olivos se encuentra en Lucas 21. Él es el único que registró una respuesta detallada a la primera pregunta, “¿cuándo sucederán estas cosas?” Lucas 21:12-24, una descripción de la conquista romana de los años 68-70 d.C., fue la respuesta del Señor.

¿Qué señal habrá de Tu venida?

Obviamente ellos se referían a Su Segunda Venida y Él realmente les dio dos señales claras. Después de describir varias cosas que no serían señales específicas, sino meramente “dolores de parto”, Él les dio la primera señal clara en Mateo 24:15. Es la abominación desoladora puesta en el Lugar Santo la cual va a marcar el comienzo de la Gran Tribulación (Mateo 24:21). La segunda señal inequívoca de Su venida se describe como la Señal del Hijo del Hombre. Esta señalará el final de la Gran Tribulación (Mateo 24:29-30). Después de eso, el Señor retornará en las nubes con poder y gran gloria.

¿Qué señal habrá del fin del siglo?

Esta pregunta es más compleja de lo que ellos se imaginaron cuando la hicieron, a pesar de que la respuesta es simple. En última instancia, la señal del fin del siglo (o era) será el retorno del Señor para ser Rey de toda la Tierra (Zacarías 14:9). Después de eso, la Era del Reino dará inicio. Esta pregunta es la que pone a muchas personas creyentes lejos de la marca. Es ese “lente de colores de la iglesia” que mencioné. Pero cuando usted entiende la perspectiva de los discípulos se dará cuenta de que no era posible que ellos estuvieran pensando sobre la Era de la Iglesia cuando usaron la frase “fin del siglo (era)” como lo asumen tantas personas cristianas. Seguidamente está el por qué.

Más de 500 años antes, el Ángel Gabriel le había dicho a Daniel cómo y cuándo sería el fin de la era (Daniel 9:24-27). Él dijo que desde el momento que recibieran el permiso para restaurar y reconstruir Jerusalén, después del cautiverio en Babilonia, habría 70 períodos de 7 años cada uno. (A estos períodos de 7 años por lo general se les llama “semanas” porque la palabra hebrea que usó Gabriel significa “semana de años”.) Esto nos da un total de 490 años (70 semanas).

Cuando los discípulos le hicieron sus preguntas a Jesús, ya habían transcurrido 483 de esos años (69 semanas) y solamente hacía falta 7 años (1 semana). Ustedes podrán imaginarse la sorpresa de ellos cuando Él les dijo que estando tan cerca, justo cuando el fin estaba a la vista, el templo y los edificios circundantes serían destruidos. ¿Cómo podía ser eso? El templo era esencial para su adoración. Había estado en construcción durante 46 años ya y como dije anteriormente, aún no estaba terminado. ¿Cómo podría ser destruido completamente para luego ser reconstruido en sólo 7 años?

Fue ese asombro lo que les hizo hacer sus preguntas. Ellos no sabían nada acerca de una Era de la Iglesia que produciría una pausa de 2000 años en la profecía de las Setenta Semanas de Daniel. Aún hoy día, la mayoría de nosotros no entiende que la Era de la Iglesia no terminó con la Era de la Ley, sino que solamente la interrumpió siete años antes de su terminación programada. ¿Cómo podrían haberlo entendido? (El hecho de que la Era de la Ley no ha terminado explica por qué habrá un Templo erigido en Israel pronto. Ellos necesitarán uno para completar esos siete años finales.)

40 días después de la resurrección, aún después de haber recibido el Espíritu Santo (Juan 20:22) los discípulos aún pensaban que el fin de la era estaba cerca. Cuando Jesús los llevó al Monte de los Olivos desde donde Él pronto ascendería al Padre, ellos le preguntaron, “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Una vez más Él no explicó nada acerca del futuro, sino que dijo, “No les toca a ustedes saber los tiempos o las fechas, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:6-7).

Tengo un secreto

Jacobo les reveló la respuesta a los Apóstoles por primera vez 20 años después de la cruz:

Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, escúchenme. Simón (Pedro) ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:

Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos (Hechos 15:12-18).

En efecto, Jacobo les estaba diciendo que Israel estaba siendo puesto a un lado mientras el Señor tomaba de entre los gentiles un pueblo para Sí mismo. Él se estaba refiriendo a la Iglesia. Después que Él nos ha tomado (literalmente llevado) Él volverá Su atención una vez más a Israel. Si el Señor les hubiera enseñado esas cosas, Jacobo no se las habría explicado. No es que ellos habían escuchado eso y lo habían olvidado. Es que el Señor nunca se los dijo.

Hay una razón muy simple por qué el Señor nunca explicó la Era de la Iglesia en detalle. Es porque Él vino a ofrecerle el Reino a Israel. El tema de Su ministerio a Israel fue, “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Y cuando Él envió a los 12 discípulos originales en su primer viaje misionero, Él les dijo, “Por camino de gentiles no vayan, y en ciudad de samaritanos no entren, sino vayan antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, prediquen, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 10:5-7). Luego tenemos el extraño incidente cuando Jesús rehusó siquiera reconocer a la mujer cananea que le rogaba que sanara a su hija. Cuando los discípulos le pidieron que le respondiera, Él dijo, “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 15:24).

Cuando los oficiales le preguntaron por una señal definitiva de que Él es el Mesías, Él les dio la señal de Jonás, la cual Él sabía que no entenderían sino hasta después de la resurrección (Mateo 12:38-40).

Mi punto es que Él no podría haber ido por todos lados describiendo la maravillosa bendición que venía a judíos y gentiles que pertenecerían a la Iglesia cuando Él ya le había ofrecido a Israel el Reino. Unos pocos días antes de la crucifixión Él les advirtió que el reino les sería quitado y sería dado a otros (Mateo 21:43) pero yo estoy convencido que Su oferta a Israel permaneció sobre la mesa hasta el día que Él ascendió al Ciclo, y es por eso que Él aún estaba predicando acerca del Reino de Dios durante 40 días más después de la resurrección (Hechos 1:3). 40 es el número de la prueba. La señal de Jonás se había cumplido y a Israel se le dio otros 40 días para que finalmente lo aceptaran.

Por supuesto el Señor siempre supo que ellos no pasarían la prueba. Por eso es que Pablo podía afirmar que él estaba revelando un antiguo secreto cuando le dijo a la Iglesia en Éfeso que por medio del Evangelio los gentiles eran herederos junto con Israel (Efesios 3:4-6). El rechazo de Israel no le sorprendió al Señor.

Visto desde esta perspectiva queda claro que el Discurso del Monte de los Olivos no es acerca de la Iglesia. Es la narración del Mesías Judío hablándole desde el Monte de los Olivos a Sus seguidores judíos acerca del futuro de Israel. Para resaltar este punto, en Mateo 24:15-21 Él hizo referencia a un Templo judío y les advirtió de huir cuando vieran la abominación desoladora puesta allí, porque eso sería la señal del comienzo de la Gran Tribulación. Él les dijo que oraran para que su huida no fuera en un Sabbat. Esto quiere decir que habrá creyentes del Antiguo Pacto en Judea, nombre bíblico para Israel, adorando en un templo al final de la era. Estas son las únicas personas para quienes sería ilegal huir en un Sabbat.

Estas son las únicas referencias específicas sobre un grupo de gente en todo el pasaje. Ambas señalan a Israel y ambas están escritas en segunda persona (v. 15, cuando vean… v. 20, oren que su huida…), con lo cual se indica que el Señor consideraba a los discípulos ser representativos de Israel. Colocar a la Iglesia en el Discurso del Monte de los Olivos es cometer un error fundamental de interpretación. (Solamente la posición pre-tribulacional del Rapto evita este error.)

¿Por qué eso está allí?

Entonces, ¿por qué el Discurso del Monte de los Olivos está en el Nuevo Testamento si no es para la Iglesia? Hay varias buenas razones. Primero le da a la Iglesia unas señales tempranas de alerta que podemos usar para saber lo cerca que estamos de nuestra partida. Los dolores de parto de Mateo 24:4-8 sirven como los “indicadores más cercanos” de que mientras los mismos ocurren con más frecuencia, más cercanos estamos de nuestra partida. También, a través de toda la Era de la Iglesia las señales que el Señor le dio a Israel no han sido evidentes, principalmente porque hasta el año 1948, no había ningún Israel. Esto es lo que hace que el renacimiento de Israel sea la señal principal de que los tiempos del fin están sobre nosotros.

Segundo, la ausencia de alguna referencia a la Iglesia nos muestra que no estaremos aquí durante el tiempo acerca del que Él estaba hablando.

Y tercero, le muestra a los creyentes de la tribulación, tanto dentro como fuera de Israel, qué es lo que tienen que buscar para ayudarlos a mantener su fe de que Él viene para terminar su terrible experiencia.

Ni el Ángel Gabriel ni el Señor engañaron a Israel al no mencionar esta pausa indeterminada entra las semanas 69 y 70 de la profecía de Daniel. Por lo menos hasta la cruz y quizás hasta la ascensión del Señor, la oferta de un Reino a Israel estaba sobre la mesa. Si Israel hubiera aceptado a Jesús como su Mesías, la pausa nunca habría ocurrido. Esto también podría explicar por qué el Evangelio recibió una exposición limitada entre los gentiles durante el ministerio del Señor y también inmediatamente después del mismo, y por qué fue 20 años después de la cruz antes de que cosas como la participación directa de los gentiles en la Iglesia, las doctrinas de la salvación por gracia y la seguridad eterna, el rapto pre-tribulacional, y el destino final de la Iglesia, fueran introducidas.

Claramente, el Discurso del Monte de los Olivos le fue dado a Israel, y fue para Israel. Sin importar el punto de vista que usted tenga sobre la secuencia de los eventos de los tiempos finales, y si usted se basa en la suposición de que los discípulos representan a la Iglesia en el Discurso del Monte de los Olivos, ya es tiempo que reconsidere su posición. 02/11/13