237. El Buen Pastor

Nombres de Jesús: El Buen Pastor

Miércoles, 21 de diciembre de 2016

Un estudio bíblico por Jack Kelley

Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, huye y abandona las ovejas cuando ve venir al lobo, y el lobo las arrebata y las dispersa. Al que es asalariado, no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor. Yo conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre; y yo pongo mi vida por las ovejas” (Juan 10:11-15).

Nadie espera que las ovejas sean responsables por ellas mismas. Sus dueños contratan pastores para ese propósito. El trabajo del pastor es aceptar la responsabilidad de mantener la seguridad y bienestar de su rebaño.

Nuestro Señor es el Buen Pastor que defiende su rebaño de los lobos rapaces que acechan en las sombras. Dada la oportunidad, ellos atacan, pero Él las defiende con honda y flecha. ¿Alguna vez ha oído usted a una oveja que ataca a un enemigo o que se defienda a sí misma de un ataque? Yo tampoco. Yo creo que no pueden hacerlo, y sus enemigos son demasiado fuertes para ellas. ¿Sabía usted que las ovejas son dadas a extraviarse? Por eso es que necesitan pastores, y créame, es un trabajo de tiempo completo. Pero a pesar de los mejores esfuerzos del pastor, las ovejas sí se extravían de vez en cuando, se meten en problemas y deben ser rescatadas.

Nosotros pensamos que es absurdo que una oveja culpe al pastor, pero así es como nosotros, ovejas, tratamos al Señor nuestro Pastor. Nos extraviamos, nos metemos en problemas y debemos ser rescatados. “¿Por qué permitiste que hiciera eso, Señor?” nos quejamos, culpándolo a Él. A diferencia de las ovejas que no tienen libertad de elegir y ninguna capacidad para aprender de sus errores, nosotros estamos supuestos a ser más listos a través de nuestra experiencia. Estamos supuestos a conocer lo poderoso que es nuestro enemigo y lo indefensos que somos sin Él, y depender de nuestro Señor para protección. Eso incluye escucharlo a Él cuando nos da la voz de alerta sobre un peligro inminente, o nos advierte de no extraviarnos.

Pero con la paciencia de un pastor, Él nos recoge, nos limpia, sana nuestras heridas, y gentilmente nos coloca de vuelta en el rebaño, sabiendo que pronto olvidaremos la locura de habernos extraviado y lo volveremos a hacer, y Él tendrá que hacerlo de nuevo otra vez. Sus misericordias son nuevas cada mañana, Su paciencia nunca se acaba, Su amor nunca falla.

Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en junto a su pecho los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas” (Isaías 40:11).

Nuestro Buen Pastor nunca nos dejará, nunca nos abandonará (Hebreos 13:5) Una vez que somos Suyos (Juan 10:29) no hay nada que nos pueda separar de Él (Romanos 8:38-39).

Nuestra oración: Nuestro Padre en el Cielo, te damos gracias por darnos nuestro Buen Pastor. Deseamos permanecer cerca de Ti. Perdónanos por extraviarnos y gracias por rescatarnos cuando lo hacemos. Te alabamos por Tus misericordias que son nuevas cada mañana, y por Tu amor que nunca falla. Llénanos Señor, con Tu paciencia y amor hoy. Que debido a la abundancia que nos das nosotros también podamos dar ese mismo amor y paciencia a quienes nos rodean. Permite que el mundo sepa que somos Tuyos por nuestro amor.

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