¿Por qué tanta violencia?

Miércoles, 9 de junio de 2021

Un estudio bíblico por Jack Kelley

Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres” (Isaías 52:14).

Después de haber visto la película “La Pasión de Cristo”, muchos incrédulos generalmente preguntan, “¿Por qué tanta violencia?”, y es una buena pregunta. ¿Por qué tiene que haber tanta violencia?

La respuesta más fácil la tiene la película. La película contiene tanta violencia porque Mel Gibson quiso darle un cuadro, a los eventos que se muestran, que fuera lo más realista posible. Y aun un vistazo superficial a la gente y a los tiempos de esos días, nos indica que ambos eran muy violentos. Recordemos que el entretenimiento de las masas en aquel entonces incluía ver a los seres humanos siendo despedazados por las fieras, como un deporte.

Los romanos eran unos conquistadores opresores quienes no toleraban la mínima violación a su paz forzada, la “Pax Romana”. Las ejecuciones eran públicas y horrorosamente violentas, y todo castigo era sangriento y peligroso para la vida humana. (El apóstol Pablo, siendo ciudadano romano, fue salvado legalmente de las terribles y dolorosas formas que eran normales en una ejecución, porque se creía que los ciudadanos romanos eran demasiado buenos para eso. Él simplemente fue decapitado.)

¿Quién empezó todo eso?

Pero los romanos no fueron los primeros, y de ninguna manera fueron los más violentos. Los asirios fueron los que inventaron la crucifixión, despellejaban viva a la gente, les cortaban la cabeza y la colocaban en la punta de un mástil. Los babilonios lanzaron vivos a Sadrac, Mesac y Abed-nego dentro de un horno ardiente. También lanzaron a Daniel, un anciano de 80 años, dentro de una cueva llena de leones hambrientos. Los judíos ataron a Isaías entre dos caballos y lo aserraron en dos partes. Marcos fue atado y arrastrado al fuego para ser quemado vivo. Bartolomé fue golpeado con garrotes cilíndricos, crucificado y luego decapitado. Pedro fue crucificado cabeza abajo. Antipas fue lentamente asado vivo en una gran marmita de bronce. Otros fueron hervidos vivos, ahogados y descuartizados, clavados a los árboles, y todo eso se hacía públicamente. Se creía que con eso podían detener el crimen. Y nosotros creemos que la muerte por inyección es inhumana.

Tres aguijones teológicos

La respuesta más difícil se relaciona con la teología, específicamente con la dificultad de hacer que el castigo fuera proporcional al crimen. Los pecados son crímenes en contra de Dios y Su necesidad de justicia requiere del castigo. Jesús vino a la tierra como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). ¿Entonces, qué es lo que usted tiene que hacer para castigar adecuadamente a alguien por todos los pecados del mundo? Los pecados de los seres humanos se amontonan hasta el cielo, y Dios no los puede ignorar.

Nosotros decimos, “Él es Dios. Él puede hacer cualquier cosa. ¿Por qué simplemente no nos perdona?” El problema es que Él no es como nosotros. Él no puede expresar ninguno de Sus atributos a expensas de algún otro, como nosotros lo hacemos. En otras palabras, Él no puede ser arbitrario ni tener dos caras. Si Él quiere mostrar misericordia, Su justicia debe primero ser satisfecha. Antes de que Él nos pueda expresar Su amor, Él necesita que la justicia se cumpla. Si Él quiere perdonar nuestras deudas, alguien más debe de pagarlas.

Se dice que cerca de la mitad de las personas que han nacido están vivas hoy día. Cada uno de nosotros ha cometido suficientes pecados para asegurarnos la pena de muerte. Eso quiere decir que 12 mil millones de personas merecen morir por sus pecados, y un Dios justo simplemente no puede dejar pasar eso. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, sino tenga vida eterna (Juan 3:16). Su Hijo pagaría el castigo debido a nosotros. ¿Entonces, qué es lo que hay que hacer para que la justicia de Dios sea satisfecha y así nos pueda demostrar Su amor, y que Él pueda comprar 12 mil millones de perdones? (Recordemos que a pesar de que muchos perdones no serán reclamados, 12 mil millones de perdones fueron comprados en la cruz.)

Odio cuando eso sucede

En segundo lugar, ¿qué clase de sufrimiento debe una persona soportar para demostrar lo mucho que Dios aborrece el pecado? En esta Era de la Gracia tenemos una percepción del pecado que está recubierta con azúcar y se nos ha olvidado lo mucho que Dios lo aborrece. Él lo ABORRECE. Él destruyó a más de un millón de personas en el diluvio universal debido a sus pecados. Él produjo un holocausto nuclear sobre Sodoma y Gomorra debido a sus pecados. ¿Qué tendría Él que hacerle a Su Hijo para satisfacer Su ira sobre todos los pecados en la historia de la humanidad?

Se los dije

Y luego está el asunto de la profecía. Para demostrar que Él era el Mesías, Jesús tenía que cumplir todas las profecías sobre Su vida Y muerte. Algunas de ellas ya eran del conocimiento público por cerca de mil años cuando Él llegó a la tierra. Profecías como:

Tu ira pesa sobre mí, y me abruma; tus terribles ataques me han vencido. Como un diluvio, a todas horas me rodean; ¡me tienen completamente cercado! Has alejado de mí a mis amigos y compañeros, ¡y las tinieblas son mi sola compañía!” (Salmo 88:16-18).

Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de escupitajos” (Isaías 50:6).

Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres” (Isaías 52:14).

Me voy diluyendo como el agua, tengo todos los huesos dislocados. El corazón, dentro del pecho, se me derrite como la cera. Tengo seca, muy seca, la garganta; la lengua se me pega al paladar; ¡me has lanzado al polvo de la muerte! Me ha cercado una banda de malvados; ¡me tienen rodeado, como perros! ¡Han taladrado mis manos y mis pies! Contar puedo todos mis huesos, mientras ellos se divierten al verme. Echan a la suerte mis vestidos y se los reparten por sorteo” (Salmo 22:14-18).

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y humillado. Pero él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; pero el SEÑOR cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:4-6).

Y bien, ahí lo tienen

Tres problemas grandes para tratar. Un dios menor habría lavado sus manos y se habría apartado de nosotros para dejarnos morir en nuestros pecados como lo merecemos. Se necesitaba una cantidad increíble de castigo, un castigo que tanto en intensidad y duración excediera lo que cualquier otra persona nunca antes haya experimentado, para hacer posible que Dios nos perdonara.

Pero Jesús, en todo Su amor por nosotros, estuvo de acuerdo en soportarlo. Y en toda la sangre y coágulos y dolor y sufrimiento, no olvidemos esta única cosa. Eso fue suficiente. Sus últimas palabras desde la cruz cuando se traducen literalmente, significan “¡Pagado en su Totalidad!” Y el hecho de que tres días después Él salió de la tumba, habiendo conquistado la muerte, nos demuestra, sin lugar a ninguna duda, que ¡Él lo había logrado!

Es que si Jesús tomó sobre Sí mismo todos los pecados del mundo como lo indica la profecía anterior (Él se convirtió literalmente en la personificación del pecado), y si Dios no puede habitar en la presencia del pecado, entonces el hecho de que Él está vivo a la derecha del Padre hoy, demuestra que el precio que Él pagó fue suficiente. Porque si hubiera quedado siquiera un pequeño pecado de todos esos que se hayan cometido y se cometerían, sin pagarse en la cruz, Él aun estaría en la tumba.

Pero puesto que Él salió de la tumba, usted puede estar totalmente seguro y segura que usted saldrá también. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo (Romanos 10:9).