Probando la existencia de Dios

Domingo, 28 de febrero de 2016

Un estudio bíblico por Jack Kelley

Cuando se le preguntó cómo podía estar tan seguro de la existencia de Dios, un gran teólogo dio una respuesta de solamente dos palabras: “El Judío”. La constante supervivencia del pueblo judío a pesar de los numerosos y concertados esfuerzos para exterminarlos, demuestran inequívocamente la existencia de Dios, Su presencia en el mundo y Su involucramiento en los asuntos de los seres humanos.

Primero debemos de entender que el pueblo judío fue escogido por Dios para llevar a cabo cuatro cosas:

1.

Ser Sus testigos (Isaías 43:10).

2.

Mostrar Sus bendiciones (Isaías 49:3).

3.

Ser los depositarios de Su Palabra (Isaías 42:9), y

4.

Ser un canal para el Mesías (Isaías 49:5-6).

Puesto que el Señor infundió en su ánimo el deseo de ser tan meticulosos en preservar Su palabra, tenemos en el Antiguo Testamento un documento que cuando se le compara con las narraciones seculares de la historia mundial, nos provee una evidencia irrefutable de la existencia de Dios.

¿Eres Tú, Dios?

Pongámoslo de esta manera. Si alguien se le acerca y le dice que es Dios, ¿cuál sería la prueba más convincente que le podría ofrecer para convencerlo de que en realidad lo es? A muchas personas que les he preguntado han respondido que si Él les puede decir cosas que nadie más podría saber estarían lo suficientemente impresionados como para darle por lo menos el beneficio de la duda. Si se les dijera, “¿qué dirían ustedes si esa persona les dice cosas que todavía no han sucedido? Y luego cuando los eventos que ha predicho se han cumplido tal y como los describió, y con una exactitud del cien por ciento, ¿le convencería eso? Invariablemente la respuesta sería “sí”.

Pues bien, eso es exactamente lo que Dios ha hecho. Escuchemos Su declaración en Isaías 42:8-9. “Yo el SEÑOR; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a los ídolos. Miren que se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo se las haré notorias.”

De todos los llamados libros sagrados, solamente la Biblia se autentica a sí misma de esa manera. De hecho, Dios reta a cualquier persona que declara ser como Él que se pruebe a sí misma de esa manera. “Así dice el SEÑOR Rey de Israel, y su Redentor, el SEÑOR de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios. ¿Y quién proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá en orden delante de mí, como hago yo desde que establecí el pueblo antiguo? Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir.” (Isaías 44:6-7). Si usted quiere ser Dios debe de pasar un examen de dos preguntas para poder calificar. Primero, usted debe de recordar con todo detalle, absolutamente todo lo que ha sucedido en el pasado, y luego predecir con todo detalle todo lo que va a suceder en el futuro. ¡Y a propósito, la única nota aceptable es un 100! (Deuteronomio 18:21-22).

Conociendo el fin desde el principio

Con lo que Dios se autentica a Sí mismo, se le llama profecía predictiva. La Biblia contiene entre un 30 a un 40% de profecía predictiva en su totalidad. Mucha de ella ya se ha cumplido y está a la espera de ser comparada con la historia como evidencia de la existencia de Dios. Mucho más se está cumpliendo frente a nuestros ojos a través de la nación de Israel, como prueba irrefutable. Pero solamente con un propósito ilustrativo, mencionaremos tres pasajes.

Según los registros históricos, cuando Ciro de Persia conquistó Babilonia en el año 553 a.C., el profeta Daniel le pidió que liberara a los judíos que habían estado cautivos durante 70 años. “¿Por qué debo hacerlo?” le preguntó Ciro. Daniel le respondió leyéndole un pasaje de Isaías escrito casi 250 años antes. En el pasaje Ciro era mencionado por su nombre, y el método por el cual acababa de conquistar Babilonia se mencionaba con todo detalle (Isaías 45:1-7). Esta profecía cumplida persuadió a Ciro y así liberó a los judíos.

Cuando Alejandro Magno leyó la visión de Daniel del carnero y el macho cabrío (Daniel 8:1-8), se convenció de que esa visión hablaba de la manera cómo Grecia había conquistado a Persia bajo su liderazgo, y desde ese momento en adelante les otorgó a los judíos un trato especial. Después de entrar en Jerusalén, Alejandro se inclinó ante el Sumo Sacerdote y perdonó la ciudad. Nombró administradores judíos sobre la mayor parte de su reino, y fue en la ciudad de Alejandría que su nieto hizo que el Antiguo Testamento se tradujera al griego para que el mundo entero pudiera leerlo. Por cierto, Daniel tuvo esa visión más de 200 años antes de que Alejandro naciera.

Los primeros 35 versículos de Daniel 11 documentan el avance de la historia del Medio Oriente, desde la muerte de Alejandro a la llegada de los romanos, con tanto detalle que los incrédulos han pasado cientos de años tratando de demostrar que eso fue escrito después de que sucedieron los hechos allí narrados. Como resultado de ello, el libro de Daniel es el libro más documentado en todo el Antiguo Testamento.

Controlando las masas

Los líderes mundiales durante mucho tiempo han sabido que la mejor forma de controlar a la gente es manteniéndolas ignorantes. Este principio fue desarrollado por el mismo Satanás y se utiliza efectivamente en nuestra generación. En los primeros días de la iglesia, él persuadió a los líderes gentiles de separar a la iglesia de sus raíces judías, de ignorar el Antiguo Testamento, y echar por la borda 4000 años de comentarios judíos sobre la vida en una relación de pacto con Dios. (Como resultado de eso, el mundo gentil se ha pasado los últimos 2000 años redescubriendo los principios sanitarios, de salud y de las relaciones interpersonales sobre las que Moisés escribió primeramente en el desierto.) Durante la Edad Media (el oscurantismo), la Biblia solamente estaba disponible a los monjes en los monasterios y la misma iglesia se convirtió en un instrumento de represión y persecución increíble. En nuestro siglo la Biblia ha sido tan completamente desacreditada por la introducción de la hipótesis documental y el racionalismo moderno en los seminarios que la mayoría de personas en la iglesia ya no consideran ninguno de los Testamentos como relevantes a nuestro tiempo.Y por supuesto la eliminación de siquiera la mención del Nombre de Dios de las escuelas significa que mucha de la generación del momento nunca ha visto una Biblia y probablemente no sabría dónde encontrar una, mucho menos leerla.

Aun eso fue profetizado en las Escrituras: “Pues vienen días, dice el SEÑOR omnipotente, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra del SEÑOR.” (Amós 8:11). Nunca en la historia del mundo la ignorancia espiritual ha prevalecido tanto como ahora. Es increíble cuando uno piensa en ello, porque nuestro presente estado de ignorancia ha sido producido solo recientemente. Muchas de las grandes universidades, como Harvard, Princeton y Yale fueron fundadas como seminarios que se apuntaban a la interpretación literal de la Palabra de Dios. El sistema de escuelas públicas se originó en las iglesias, y los primados iniciales les enseñaban a los niños a leer adaptando el evangelio según Juan. El alejamiento de la herencia cristiana de las naciones (especialmente los EE.UU.) se ha llevado a cabo durante las últimas dos generaciones.

Pero la evidencia de la profecía predictiva aún permanece. No hemos quemado nuestros libros todavía, así que todo lo que usted tiene que hacer para convencerse de que Dios existe, es leer un par de ellos. Adquiera una Biblia de Estudio, un volumen competente de historia universal, y un par de libros de referencia como, por ejemplo, las obras completas de Flavio Josefo, y únalas todas. Luego comience a leerlas. Pronto descubrirá que bajo cualquier estándar que quiera usar, ya sea las reglas de evidencia como las utilizan los abogados, las probabilidades de las estadísticas como las utilizan los matemáticos, o la lógica forense que se utiliza en los debates, la evidencia de la existencia de Dios se volverá cada vez más obvia frente a usted. Usted puede confiar en Su palabra que dice, “Y me buscarán y me hallarán, porque me buscarán de todo corazón” (Jeremías 29:13).