Romanos: El Evangelio según Pablo … Parte 11

Lunes 10 de agosto de 2020

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

Habiendo visto que con las bendiciones de la salvación hemos recibido también los dones que nos dan la habilidad para responder de acuerdo a ella, ahora continuamos con el consejo que nos da Pablo para vivir una vida agradable a Dios en agradecimiento por todo lo que nos ha dado. Seguir estas indicaciones nos llevará más cerca de Dios, lo cual le permite a Él hacer Su voluntad en nuestras vidas dando como resultado mayores bendiciones. Este es el camino a la vida abundante de la que nos habló Jesús (Juan 10:10).

Romanos 13

Someterse a las autoridades

Todos debemos someternos a las autoridades, pues no hay autoridad que no venga de Dios. Las autoridades que hay han sido establecidas por Dios. Por lo tanto, aquel que se opone a la autoridad, en realidad se opone a lo establecido por Dios, y los que se oponen acarrean condenación sobre ellos mismos. Porque los gobernantes no están para infundir temor a los que hacen lo bueno, sino a los que hacen lo malo. ¿Quieres vivir sin miedo a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás su aprobación, pues la autoridad está al servicio de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, entonces sí debes temer, porque no lleva la espada en vano, sino que está al servicio de Dios para darle su merecido al que hace lo malo. Por lo tanto, es necesario que nos sujetemos a la autoridad, no sólo por causa del castigo, sino también por motivos de conciencia. Por eso mismo ustedes pagan los impuestos, porque los gobernantes están al servicio de Dios y se dedican a gobernar. Paguen a todos lo que deban pagar, ya sea que deban pagar tributo, impuesto, respeto u honra. (Romanos 13:1-7).

La Biblia pareciera que justifica solamente una forma de desobediencia, y esa es cuando se aprueban leyes que declaran ilegal la adoración a Dios o que obligan a la adoración a los dioses paganos. Daniel 3 & 6 son ejemplos en donde la adoración a un dios pagano era obligatoria. En Daniel 3, Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron lanzados dentro de un horno ardiente por haberse rehusado adorar la estatua de Nabucodonosor, y en el capítulo 6 Daniel fue lanzado en el foso de los leones por adorar a Dios y no al rey Darío.

En Hechos 4:1-20 Pedro y Juan fueron encarcelados por predicar el Evangelio y luego traídos ante el Sanedrín el cual les ordenó que no lo hicieran más. En el versículo 19 ellos se rehusaron diciendo que en efecto no podían obedecer las leyes de los hombres y al mismo tiempo las de Dios, así que preferían seguir obedeciendo a Dios.

En todos estos casos, los actos de desobediencia civil fueron bendecidos. Pero Pablo dejó muy en claro de que Dios instituyó el gobierno humano y que Él lo responsabiliza por gobernar de manera justa, de la misma manera que Él responsabiliza a las personas de obedecer. Hebreos 13:17 nos dice, “Obedezcan a sus pastores, y respétenlos. Ellos cuidan de ustedes porque saben que tienen que rendir cuentas a Dios.

Amar, porque el día está cercano

No tengan deudas con nadie, aparte de la deuda de amarse unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Los mandamientos: «No adulterarás», «no matarás», «no hurtarás», «no dirás falso testimonio», «no codiciarás», y cualquier otro mandamiento, se resume en esta sentencia: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» El amor no hace daño a nadie. De modo que el amor es el cumplimiento de la ley. (Romanos 13:8-10).

Según Mateo 5 & 6, estos mandamientos deben ser obedecidos, pero siendo guiados por la motivación de nuestros corazones, o de otra manera no ser obedecidos del todo. Su intención no fue la de entrenarnos a hacer actos de obediencia externos, como se entrena a un perro o a una foca, sino para que desarrollemos corazones llenos de amor y de respeto hacia los demás, de igual manera como el corazón del Señor está lleno de amor y de respeto hacia nosotros. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Cuando el abogado le preguntó a Jesús “¿quién es mi prójimo?” el Señor le respondió con la parábola del Buen Samaritano, indicándole que hiciera lo mismo (Lucas 10:29-37).

Hagan todo esto, conscientes del tiempo en que vivimos y de que ya es hora de que despertemos del sueño. Porque nuestra salvación está más cerca de nosotros ahora que cuando creímos. La noche ha avanzado, y se acerca el día. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas, y revistámonos de las armas de la luz. Vivamos con honestidad, como a la luz del día, y no andemos en glotonerías ni en borracheras, ni en lujurias y lascivias, ni en contiendas y envidias. Más bien, revistámonos del Señor Jesucristo, y no busquemos satisfacer los deseos del cuerpo. (Romanos 13:11-14).

Como lo he indicado desde el principio, este estudio de la carta a los Romanos tiene la intención de prepararnos para la vida venidera. Cada día que pasa nos acerca más al Rapto de la Iglesia, por eso es que debemos concentrarnos más y más en las cosas que son importantes para Aquel a quien esperamos. Ya el tiempo está muy avanzado para que nos detengamos de seguir viviendo según los placeres de este mundo y empecemos a vivir por los galardones del próximo. Como Pablo les escribió en su segunda carta a los Corintios, no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas (2 Corintios 4:18). Ya pronto seremos arrebatados de todo lo que hemos construido aquí en la tierra, para pasar la eternidad en un lugar en que lo que hemos construido será todo lo que importa. En 1 Corintios 3:14-15 Pablo escribió, “Si lo que alguno sobreedificó permanece, ése recibirá su recompensa. Si lo que alguno sobreedificó se quema, ése sufrirá una pérdida, si bien él mismo se salvará, aunque como quien escapa del fuego”.

Si ustedes son como yo, entonces han pasado la mayor parte de su vida adulta acumulando riquezas para poder tener el estilo de vida del que ahora disfrutan. ¿Pero, por cuánto tiempo? ¿Unos pocos años más? Si usted aun no lo ha hecho, comience a enfocarse hacia la vida que viene que es la que dura para siempre. “Por el contrario háganse tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones se meten a robar. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. (Mateo 6:20-21).

La vida de ustedes debe de cambiar dramáticamente. Todas las reglas ahora son diferentes y muchas de ellas pareciera que estuvieran en contra de la intuición. Si damos sin esperar recibir de vuelta, recibiremos más de lo que hemos dado (Lucas 6:38). Si nos ponemos de últimos seremos los primeros (Mateo 20:16). Debemos sacrificar nuestra vida para poder guardarla (Lucas 17:33). No nos concentremos en lo que vemos, sino más bien en lo que no vemos (2 Corintios 4:18). Y así sigue. En los capítulos 12—15 Pablo nos ha dado la guía para que actuemos bajo estas nuevas reglas. Debemos aprenderlas y empezar a actuar para ganar, mientras aun queda tiempo. Prosigamos leyendo…

Romanos 14

El débil y el fuerte

Reciban al que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones. Algunos creen que está permitido comer de todo, pero hay otros, que son débiles y que sólo comen legumbres. El que come de todo, no debe menospreciar al que no come ciertas cosas, y el que no come de todo, no debe juzgar al que come, porque Dios lo ha aceptado. ¿Quién eres tú, para juzgar al criado ajeno? Si éste se mantiene firme o cae, es un asunto de su propio amo. Pero se mantendrá firme, porque el Señor es poderoso para mantenerlo así. (Romanos 14:1-4).

En los días de Pablo existían muchos templos paganos, y cuando sacrificaban animales a sus dioses vendían la carne para costear los gastos del templo. En algunas ocasiones se cocinaba esa carne y se servía, al estilo de un restaurante en los salones de banquetes, a cualquiera que pagase el precio del plato. Algunos creyentes se rehusaban a comer de esa carne, temiendo que con ello estaban adorando esos ídolos, y, por lo tanto, pecando. Otras personas, más seguras de su fe cristiana, no le veían nada malo a eso porque los dioses paganos solamente son unas estatuas.

También estaba la cuestión de las restricciones alimenticias judías. Los creyentes que tenían antecedentes judíos habían pasado toda su vida observando esas leyes y algunos dudaban de dejar de observarlas de un momento a otro. Pablo les dijo que eso no era un asunto de salvación pues cada uno debía ser guiado por su propia conciencia, pero nadie debía condenar a alguien con quien no estaban de acuerdo. Y una vez más, Pablo subraya de dónde proviene el poder que garantiza nuestra salvación.

Si éste se mantiene firme o cae, es un asunto de su propio amo. Pero se mantendrá firme, porque el Señor es poderoso para mantenerlo así.”

Algunos creen que ciertos días son más importantes que otros. Otros consideran que todos los días son iguales. Cada uno está plenamente convencido de su propio pensamiento. El que da importancia a ciertos días, lo hace para el Señor; y el que no les da importancia, también lo hace para el Señor. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que deja de comer, lo hace para el Señor, y también da gracias a Dios. Y es que nadie vive para sí, ni nadie muere para sí, pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya sea que vivamos, o que muramos, somos del Señor. (Romanos 14:5-8).

En Colosenses 2:16-17 Pablo escribió, “No permitan, pues, que nadie los juzgue por lo que comen o beben, o en relación con los días de fiesta, la luna nueva o los días de reposo. Todo esto no es más que una sombra de lo que está por venir; pero lo real y verdadero es Cristo.” Como creyente, usted puede obedecer las restricciones alimenticias o no, se puede abstener de injerir bebidas alcohólicas o de disfrutar de un trago ocasional, puede observar el Sabbath el sábado o adorar el Domingo, puede guardar las fiestas levíticas o ignorarlas. Si usted es sincero en sus creencias, sígalas. Solamente no juzgue a aquellas personas que piensan diferente a usted sobre estas cosas. De nuevo, estas cosas no son un asunto para la salvación.

Porque para esto mismo Cristo murió y resucitó: para ser Señor de los vivos y de los muertos. Así que tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo! Escrito está: «Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.» [Isaías 45:23] Así que cada uno de nosotros tendrá que rendir cuentas a Dios de sí mismo” (Romanos 14:9-12).

Este es un tema que se repite en todas las cartas de Pablo. Puede ser que los creyentes de entonces eran tan críticos de los demás como lo son hoy en día. Pero las advertencias de Pablo nos vienen directamente de la Fuente. Jesús dijo, “No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados, y con la medida con que midan, serán medidos” (Mateo 7:1-2).

Por tanto, no sigamos juzgándonos unos a otros. Más bien, propongámonos no poner tropiezo al hermano, ni hacerlo caer. Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es impuro en sí mismo; pero si alguien piensa que algo es impuro, lo es para él. Pero si tu hermano se siente agraviado por causa de lo que comes, entonces tu conducta ya no refleja el amor. No hagas que por causa de tu comida se pierda aquel por quien Cristo murió. No permitan que se hable mal del bien que ustedes hacen, porque el reino de Dios no es cuestión de comida ni de bebida, sino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. El que de esta manera sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los seres humanos. (Romanos 14:13-18).

Nuestra libertad en Cristo es buena, pero cuando alardeamos de ella frente a las personas que no están de acuerdo con nosotros, estamos permitiendo que lo que es bueno se considere como si fuera malo. Nosotros aprendimos esa lección empezando nuestra estadía en México. En una de nuestras primeras visitas a un concurrido restaurante, los misioneros más experimentados nos indicaron que en la cultura local el consumo de bebidas alcohólicas en público por un misionero norteamericano, no era aceptado. Rápidamente tome la decisión de cambiar la cerveza que quería ordenar por una bebida gaseosa.

No hay nada en la Biblia que indique que se prohíbe tomar vino u otras bebidas fermentadas, como la cerveza, por ejemplo. De hecho, eso estaba específicamente autorizado para las fiestas otoñales en Israel (Deuteronomio 14:22-26). Pero solamente porque eso es permitido no significa que está bien ofender a los demás, especialmente si con ello se pone en duda nuestra credibilidad como siervos de Dios.

Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas son limpias; lo malo es hacer tropezar a otros por lo que comemos. Lo mejor es no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada que haga que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite.

¿Tú tienes fe? Tenla para contigo delante de Dios. Dichoso aquel, a quien su conciencia no lo acusa por lo que hace. Pero el que duda acerca de lo que come, ya se ha condenado, porque no lo hace por convicción; y todo lo que no se hace por convicción es pecado. (Romanos 14:19-23).

Aquí Pablo vuelve a confirmar que las restricciones alimenticias habían sido levantadas tal y como se le mostró a Pedro en Hechos 10:9-16. Pablo era un gran defensor de todas nuestras libertades en Cristo, pero las comparaba, cuando se ejercían sin ningún cuidado, con los efectos que podían ocasionarle a alguna otra persona, como, por ejemplo, el tomar frente a un alcohólico que está luchando contra su alcoholismo. Eso presenta una tentación innecesaria a alguien que está teniendo un momento de dificultad. Él dijo que si usted puede hacerle frente y no le veía nada malo, entonces estaba bien. Coma la carne y tome el vino, pero hágalo en su casa en donde no va a ser tentación a un hermano más débil. Y como se lo dijo a los Corintios, “Todo me está permitido, pero no todo es provechoso; todo me está permitido, pero no todo edifica” (1 Corintios 10:23).

A pesar de que tenemos esta gran libertad, siempre debemos ser muy cuidadosos para no darle ningún mal ejemplo a los demás, ni ocasionar que alguien que está luchando en su vida, sea agobiado innecesariamente. Lo primero y más importante es dejar que nuestro comportamiento consista de cosas que guíen hacia la paz y la edificación duradera. Selah. 24/03/2007.