Romanos: El Evangelio según Pablo … Parte 9

Miércoles, 1 de febrero de 2017

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

Romanos 9 nos dijo sobre la elección soberana de Dios de Israel como Su escogido. “De ellos son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas. De ellos son los patriarcas, y de ellos, desde el punto de vista humano, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas. ¡Bendito sea por siempre! Amén” (Romanos 9:4-5). En el capítulo 10 vimos cómo en su búsqueda obsesiva de ser justos por sus propios medios, rehusaron la justicia que viene de Dios. A los ojos del mundo ellos se convirtieron en los rechazados, y el mismo Señor dijo que el Reino les sería quitado y se le daría a otra gente que produciría los frutos de él (Mateo 21:43). Después, el Señor dijo que no lo volverían a ver sino hasta que digan, “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mateo 23:39).

Pero en ambos casos el rechazo fue claramente temporal, cuya duración depende de su respuesta. En el primer pasaje del Evangelio según Mateo Jesús prosiguió diciendo que las prostitutas y los cobradores de impuestos entrarían en el Reino antes que los líderes de Israel. No dijo en lugar de, sino antes de. Y en el segundo pasaje la palabra clave es hasta, lo cual implica que algún día le llamarán Bendito, y cuando lo hagan, entonces lo verán.

Por supuesto, Dios había previsto todo eso. Cerca de 800 años antes Dios hizo que Oseas previera este preciso momento. “Andaré y volveré a mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán” (Oseas 5:15). El Señor regresaría al lugar del que había venido y esperaría hasta que ellos admitieran su culpa al rechazarlo y pidieran Su retorno. Y ciertamente se lo pedirán. Joel 3:16-21 nos da la respuesta del Señor a su petición, culminando así la muestra más increíble de Su misericordia, jamás expresada. “Y limpiaré la sangre de los que no había limpiado” (Joel 3:21). Dios está hablando sobre la devastadora declaración que hicieron cuando exigieron la crucifixión del Señor frente al intento de gracia de Pilatos. “Y todo el pueblo respondió: ¡Que recaiga su muerte [su sangre] sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” (Mateo 27:25). Veamos cómo fue que esto llegó a suceder.

Romanos 11

El remanente de Israel

Por lo tanto, pregunto: ¿Acaso Dios desechó a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, descendiente de Abrahán y de la tribu de Benjamín. Dios no desechó a su pueblo, al cual conoció desde un principio. ¿No saben ustedes lo que dice la Escritura acerca de Elías, de cómo invocó a Dios contra Israel, cuando dijo:

«Señor, han dado muerte a tus profetas, y han derribado tus altares. Sólo yo he quedado, y procuran matarme»? [1 Reyes 19:10, 14] ¿Y cuál fue la respuesta divina? «Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal.» [1 Reyes 19:18]

De la misma manera, aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si es por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no sería gracia. Y si fuera por obras, ya no sería gracia; de otra manera la obra ya no es obra. (Romanos 11:1-6).

A través de la historia Dios ha preservado a un remanente de Sus elegidos. Estos no son los que ha sustituido la Iglesia como dicen los seguidores de la teología del reemplazo, como tampoco son los que se llaman judíos sino que son la sinagoga de Satanás (Apocalipsis 3:9), sino que son los hijos legítimos de Israel, prueba de que Dios no ha abandonado a Su pueblo ahora, no más de cómo lo hizo en días de Elías.

¿Entonces, qué? Israel no ha alcanzado lo que buscaba, pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos.

Como está escrito: «Dios les dio un espíritu de estupor, y así son hasta el día de hoy. Tienen ojos que no ven y oídos que no oyen.» [Deuteronomio 29:4; Isaías 29:10]

Y David dice:

«Que sus banquetes se conviertan en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; que sus ojos se nublen para que no vean, y sus espaldas se encorven para siempre.» [Salmo 69:22-23] (Romanos 11:7-10).

Debido a que la mayoría no reconoció el momento de la venida de Dios a ellos como Él se los había dicho durante siglos por medio de los profetas, Él lo ocultó a sus ojos (Lucas 19:41-44).

Las ramas injertadas

Pregunto entonces: «¿Será que los de Israel tropezaron para caer?» ¡De ninguna manera! Más bien, su transgresión redundó en la salvación de los gentiles, para que los israelitas se pongan celosos. Pues si su transgresión ha enriquecido al mundo, y su fracaso ha enriquecido a los gentiles, ¡mucho más será lo que logre su plena restauración! (Romanos 11:11-12).

Una y otra vez, el Antiguo Testamento sugiere que Dios abrirá la puerta de la salvación a los gentiles, pero ahora se nos dice el motivo. Es para hacer que Israel sienta su rechazo del Mesías. Pero si su desobediencia ha traído tales bendiciones al mundo, ¿cuánto más serán con su obediencia? La respuesta a esa pregunta se encuentra en dos palabras: El Reino.

Ahora les hablo a ustedes, gentiles. Por cuanto yo soy el apóstol de ustedes, honro mi ministerio. Yo quisiera poner celosos a los de mi sangre, y de esa manera salvar a algunos de ellos. Porque si su exclusión trajo como resultado la reconciliación del mundo, ¿qué resultará de su admisión, sino vida de entre los muertos? Si la primera parte de la masa es santa, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas. (Romanos 11:13-16).

Todos sabemos que Jesús tenía que morir por los pecados del mundo. Pero el punto de Pablo aquí se basa en la complicidad de Israel para que eso sucediera. Debido a que rechazaron al Mesías, todo el mundo puede reconciliarse con Dios por medio de Su sangre derramada (Colosenses 1:19). Y pronto, cuando lo acepten, todo el mundo puede experimentar la resurrección a través de Su sangre también. Al declarar una parte del todo como santa, todo lo demás es santo. Israel es la muestra, las primicias de la humanidad.

Si algunas de las ramas fueron cortadas, y tú, que eras un olivo silvestre, fuiste injertado en su lugar y has venido a participar de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, conviene que sepas que no eres tú el que sustenta a la raíz, sino que es la raíz la que te sustenta a ti. Tal vez digas: «Las ramas fueron cortadas para que yo fuera injertado.» De acuerdo. Pero ellas fueron cortadas por su incredulidad, y tú te mantienes firme por la fe. Por lo tanto, no seas soberbio, sino temeroso. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará. (Romanos 11:17-21).

No todo Israel fue rebelde, solo una parte. Durante los siguientes 20 años después de la cruz, la Iglesia estaba compuesta principalmente por creyentes judíos. Pero aquellas partes que se rebelaron le abrieron la puerta a los creyentes gentiles quienes llegaron como olivos silvestres injertados en una raíz ya cultivada. Ellos no son la raíz, como tampoco la reemplazan, sino que de hecho, son alimentados de ella. Como creyentes gentiles nosotros somos alimentados por el Pan de Vida y nutridos por Su Palabra. Ambas nos llegaron por medio de Israel, raíz del cristianismo.

Por lo tanto, toma en cuenta la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero bondad para contigo, si permaneces en esa bondad, pues de otra manera también tú serás cortado. Y aun ellos pueden ser injertados, si no permanecen en su incredulidad, pues Dios es poderoso para volver a injertarlos. Porque si tú, que por naturaleza eras un olivo silvestre, contra la naturaleza fuiste cortado e injertado en el buen olivo, ¡con más razón éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo! (Romanos 11:22-24).

Esta es una adaptación de la advertencia del Señor a Sus discípulos en Juan 15:1-8. Allí, Él se llamó a Sí mismo la Vid, diciendo que nosotros somos las ramas. La palabra traducida “permaneces” en el versículo 22 anterior es la misma traducida “permanece” en Juan 15:5. Nuestra fe en Él viene de nuestro corazón, no es solamente un estado mental sujeto a la influencia de factores externos, es un estado de ser, es lo que somos. ¿Y si nosotros, que no tenemos nuestro origen en las cosas de Dios, podemos florecer con Él, cuánto más lo podrán hacer los judíos, quienes tienen su origen en Él?

Y todo Israel será salvo

Hermanos, no quiero que ignoren este misterio, para que no se vuelvan arrogantes. Parte de Israel se ha endurecido, y esto será así hasta que se haya incorporado la totalidad de los gentiles; y después de eso todo Israel será salvo. Como está escrito:

«El Libertador vendrá de Sión, y apartará de Jacob la impiedad. Y éste será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.» [Isaías 59:20-21; 27:9; Jeremías 31:33-34] (Romanos 11:25-27).

Con sus ojos cegados y sus corazones endurecidos, Israel espera a un lado hasta que el Señor haya terminado de construir Su Iglesia. Cuando eso suceda, la Iglesia será levantada al Cielo e Israel volverá a ser el centro de atención de Dios.

La palabra griega traducida “totalidad” (cantidad completa) es un término náutico y se refiere al número de marineros que son necesarios para que un barco pueda navegar. Y la frase “haya incorporado” significa llegar a su destino. Una vez que los soldados y los marineros requeridos se encontraban a bordo, el barco podía zarpar y dirigirse a su destino. Así mismo sucede con la Iglesia. Una vez que el número requerido de su membresía se alcance, la Iglesia saldrá hacia su destino en el Cielo, y Dios abrirá los ojos y suavizará el corazón de Su pueblo Israel. Esto está de acuerdo con Hechos 15 en donde Jacobo profetizó que Israel estaba siendo puesta a un lado mientras que el Señor tomaba de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre. Después de eso Él retornará para reedificar el tabernáculo de David que está caído (Hechos 15:13-18).

Tanto Ezequiel como Daniel están de acuerdo también. La Batalla de Ezequiel 38 es el vehículo por medio del cual Dios le abre los ojos a Israel (Ezequiel 39:22) y un poco de tiempo después da inicio la Setenta Semana de Daniel, al confirmarse un pacto que incluye las provisiones para la construcción de un Templo judío (Daniel 9:27).

Así que, en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de ustedes; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de sus antepasados. Porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. Así como en otro tiempo ustedes eran desobedientes a Dios, pero ahora han alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, así también éstos han sido desobedientes ahora, para que por la misericordia concedida a ustedes también ellos alcancen misericordia. Porque Dios sujetó a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos. (Romanos 11:28-32).

El llamamiento de Dios es irrevocable. Él no puede abandonar a Israel, como tampoco nos puede abandonar a nosotros. Una vez que nos tiene, no podemos escapar. Israel se volvió desobediente para que Dios pudiera manifestar Su misericordia con los gentiles. Debido a que Él mostró misericordia en nuestra desobediencia, Él ahora tiene que mostrarla con los Suyos. De otra manera sería injusto de Su parte.

Doxología

¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién ha entendido la mente del Señor? ¿O quién ha sido su consejero? [Isaías 40:13] ¿O quién le dio a él primero, para que él tenga que devolverlo? [Job 41:11 Ciertamente, todas las cosas son de él, y por él, y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén (Romanos 11:33-36).

Pronto, Israel habrá completado el círculo: Elegido, rechazado, y aceptado. Por elección soberana Israel se convirtió en el pueblo de Dios. Él pudo haber escogido a algún otro que hubiera querido para que fuera Su santa nación. Cuando el Mesías prometido llegó a Israel, ellos lo rechazaron, abriendo así la puerta para la salvación de los gentiles. Por medio del Mesías, los gentiles se convirtieron en los hijos espirituales de Dios también. Cuando el Señor termine Su obra con los gentiles, volverá Su atención a Israel y esta vez ellos reconocerán a su Mesías (Zacarías 12:10). Su rechazo les será perdonado, serán aceptados, y la promesa de Dios a Abraham se cumplirá. “y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Selah 10/03/2007.