Apocalipsis 5

Un Estudio Bíblico por Jack Kelley

 El Rollo y el Cordero

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo” (Apocalipsis 5:1-4).

Este rollo, o libro, ha sido llamado el título de propiedad de la tierra. Los rollos por lo general tenían la escritura en un solo lado, pero en algunos casos, el Señor escribe en ambos lados. Cuando lo hace, Él está indicando que el juicio se avecina.

En Ezequiel 2 un rollo escrito por ambos lados significaba que Israel estaba a punto de ser juzgado y Ezequiel había sido escogido para llevar las noticias a los otros cautivos en Babilonia de que pronto la nación entera se les uniría durante un cautiverio de 70 años. En Zacarías 5, un rollo volador del mismo tamaño que el Lugar Santo del tabernáculo, les advirtió a todas aquellas personas que habían fracasado en guardar la ley, que desaparecerían de la presencia de Dios y sus hogares serían destruidos. A pesar de que este rollo mencionó solamente el mandamiento en contra del robo en un lado y los falsos testimonios en el otro, el hecho de que uno estuviera en el centro de la primera tablilla de piedra y el otro en el centro de la segunda tablilla de piedra, ha hecho que muchos eruditos crean que eso representa los Diez Mandamientos.

El motivo por el que Juan lloraba tan amargamente es porque sabía lo que estaba en juego aquí. Solamente alguien que pudiera redimir el Planeta Tierra y devolverlo a su verdadero dueño era capaz de poder abrir el libro, y no se había encontrado a nadie. Ni en el Cielo, ni en la Tierra, ni debajo de la Tierra. Sin un redentor calificado, la Tierra se perdería por toda la eternidad.

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra” (Apocalipsis 5:5-6).

Después de todo, ¡sí hay alguien digno de poder abrir el libro! El hecho de que la palabra “Cordero” esté con mayúscula significa que este es el Cordero de Dios de Juan 1:29, que quita el pecado del mundo Él también es el León de Judá de Génesis 49:9-10 y la Raíz de David de Isaías 11:1-3.

Puesto que Juan lo describe como un Cordero como inmolado, es que sabemos que Él aun está en Su forma humana y que también aun muestra las huellas de Su crucifixión. Una vez que Jesús estuvo de acuerdo en convertirse en un hombre, Él se hizo hombre para siempre. Este Cordero es el dador del Espíritu Santo confirmando así que es el Señor Quien ha triunfado. Él es el que es digno de abrir el libro y sus siete sellos porque Él redimió el planeta al mismo tiempo que nos estaba salvando. (Romanos 8:19-21)

No Sabía que se Había Perdido

¿Cuándo se perdió la Tierra en primer lugar? Algunos creen que en la eternidad pasada, al que llamamos Satanás se le dio la tierra como su reino. Fue un regalo por mantener su estatura tanto como el querubín grande y protector, a cargo de los que guardaban el mismo Trono de Dios, y por ser el líder de la adoración en el ámbito celestial. Ciertamente él era el portador de la luz entonces (Lucifer quiere decir el portador de la luz en latín), vestido con toda piedra preciosa y con una voz como de un órgano de tubas. Él era el modelo de perfección, lleno de sabiduría y belleza perfecta, el óptimo ser creado (Ezequiel 28:11-14).

Pero inflado en arrogancia y auto estima y orgullo, se rebeló y fue expulsado del cielo en desgracia, y sus posiciones y posesiones le fueron quitadas y su reino abandonado (Ezequiel 28:13-17). Se sentó entre las ruinas quien sabe por cuanto tiempo, inútil para hacer nada, hasta que Dios dijo, “Hágase la luz”, y los ángeles gritaron de alegría (Job 38:7).

Cuando Dios creó a Adán cinco días después y le dio el dominio sobre la Tierra, Satanás conspiró para recuperarla. Tomando la forma de una serpiente, engañó a Adán y Eva para sacarlos de su tierra, obteniendo así, por medio del engaño, lo que había perdido debido a su rebelión. En el proceso, también les quitó a Adán y Eva su inmortalidad, provocando su muerte y la muerte de todos sus descendientes (Génesis 2:16-17). De inmediato se propuso reconstruir su reino, convirtiéndose en el príncipe de este mundo (Juan 12:31) y el dios de este siglo (2 Corintios 4:4).

La ley de Dios requiere que un pariente cercano redima lo que un miembro de la familia perdió (Levítico 25:25). Según la ley, un hijo puede redimir lo que su padre perdió, pero en la transacción Adán se había convertido en pecador, descalificando para siempre así a sus hijos de poder redimirlo. La moneda de la redención era la sangre de un hombre sin pecado y todos los hijos de Adán eran pecadores por haber nacido a imagen de su padre (Génesis 5:3). Adán era un hijo de Dios (Lucas 3:38), así que solamente otro hijo de Dios sería suficiente.

Ya que los pecados de los padres llegan hasta los hijos (Éxodo 20:5), una mujer podría dar a luz a un hijo sin pecado, pero solamente si se hacía sin intervención de un marido. Por eso fue que en el Edén Dios anunció que la simiente de la mujer podía redimir lo que Satanás había robado (Génesis 3:15) que es una profecía del nacimiento virginal del Señor.

A su debido tiempo, el Hijo de Dios, nacido de una virgen, dio Su vida para pagar la deuda del pecado y redimir la propiedad que le fue robada a Adán, el Planeta Tierra. Siendo todo Dios (sin pecado) y todo humano (hombre), Él es el único en toda la creación que es digno de tomar el libro y abrir sus sellos.

Como Pariente Redentor de Adán, Él pagó la deuda del pecado que la progenie de Adán debía, y redimió la propiedad que Adán también había perdido. Y ahora, Él ha venido a tomar posesión de lo que Él pagó. Puesto que el pariente cercano era también responsable de vengar la muerte de un miembro de la familia, Él también viene como el Vengador de Sangre de Adán (Números 35:16-21), y esa es una de las razones del porqué el resto del libro es la historia de grandes juicios.

“Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo:

“Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.” (Apocalipsis 5:7-10)

En estos versículos se utiliza el pronombre personal griego de la primera persona en plural, el cual aparece 173 veces en la Biblia como “nos” y “nosotros”, y nunca como palabra de la tercera persona como “hombres” o “ellos”. También el idioma griego utiliza la misma palabra para rey y reino, así que debemos decidir cuál es la que debemos utilizar dentro del contexto. Reyes se ajusta mejor que reinos. Y eso es consistente con la versión de la Biblia Reina Valera de 1960.

Algunas de las traducciones modernas toman ya sea el punto de vista de después de la tribulación o el amilenialista, o ambos, y por lo tanto se muestran renuentes a mostrar la Iglesia en el cielo, la cual ya ha sido raptada en Apocalipsis 5. En vez de eso, al cambiar el pasaje a la tercera persona del plural, colocan a los 24 ancianos entonando un cántico sobre la iglesia como si aun estuviéramos en la tierra. Pero eso no es así. Los 24 ancianos son la iglesia. Ese es un cántico para los redimidos y solamente la iglesia lo puede cantar. La versión Reina Valera de 1960 está en lo correcto.

Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz:

El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. A todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir:

Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos. (Apocalipsis 5:11-14)

La poderosa obra de George Frederic Handel de poner estas palabras en música en su magistral obra “El Mesías”, palidecerán en significado cuando se comparan con este coro angelical. Nadie sabe el tamaño de este coro. Juan escribe la cantidad de “millones de millones”.

C. H. Spurgeon escribió que la palabra griega traducida “todo” (v. 13), tiene siete u ocho significados en su uso, y solamente en raras ocasiones, alguna de estas literalmente significan “cada uno” y “todos”. Lo más seguro es que Juan quiso decir que cada clasificación de la humanidad estaba representada, ricos, pobres, libres, esclavos, judíos, gentiles, etc. A todos ellos se les unieron los animales de la tierra, las aves del cielo, los peces del mar y aun los seres de debajo de la tierra, quienes a pesar de que se habían rebelado y aguardan su juicio encadenados, reconocen la autoridad de El Cristo (Santiago 2:19).

Y como los cuatro seres vivientes, solo puedo añadir, “Amén”.

 

Título Original: Revelation 5

Traducido por Walter Reiche B.

walterre@racsa.co.cr