La Pascua Y El Domingo De Ramos

Un comentario Bíblico por Jack Kelley

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo… Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios” (Juan 1:29, 34).

Juan el Bautista había estado predicando sobre el Mesías venidero, identificándose como aquel de quien Isaías había prometido cerca de 700 años antes. Citando a Isaías 40:3 Juan dijo, “Voz que clama en el desierto: Preparen camino al Señor” (Juan 1:23).

Al presentarle a Israel a Jesús como el Cordero de Dios se quitaba cualquier duda para poder hacer una comparación entre Jesús y el Cordero Pascual en sus mentes. Al leer sobre la primera Pascua (Éxodo 12:1-20) desde una perspectiva cristiana, la similitud es tan clara que nos pone a pensar cómo es que no la pudieron ver. De hecho, hay varios cientos de profecías en el Antiguo Testamento que fueron cumplidas en la vida de Jesús y muchas de ellas sucedieron en la última semana de Su vida terrenal, durante los dos eventos que se celebran en los próximos días, la Pascua para Israel y el Domingo de Ramos para la Iglesia.

Nuestra Pascua, Que Es Cristo, Ya Fue Sacrificada Por Nosotros… 1 Corintios 5:7

La historia de la Pascua ya debe de sernos familiar. El enfrentamiento final entre Dios y Faraón se veía venir. Por medio de nueve plagas enviadas por Dios para mostrar Su poder sobre los dioses paganos de Egipto, Faraón había permanecido tan obstinado como Dios lo había predicho. La décima plaga, la muerte de todos los primogénitos, es la que quebraría la voluntad de Faraón el cual liberaría a los israelitas de su esclavitud, pero primero tenían que ser protegidos de la plaga.

En el décimo día del mes primero Dios hizo que seleccionaran un cordero macho por familia y lo inspeccionaran durante tres días para asegurarse que no tenía ningún defecto o mancha alguna. Luego el cordero sería sacrificado, y la sangre aplicada al marco de la puerta de sus casas. Esa noche, a puerta cerrada en sus propias casas, cada familia debía comer rápidamente el cordero, con hierbas amargas y pan sin levadura, sin aventurarse a salir. A la media noche el ángel destructor vendría por todo Egipto para matar a los primogénitos de cada familia, salvándose únicamente aquellas personas cuyas puertas estaban rociadas con la sangre del cordero (Éxodo 12:1-13, 21-23, 28-30).

A la mañana siguiente los israelitas fueron liberados de su esclavitud, se les dio la riqueza de Egipto, y empezaron su viaje a la Tierra Prometida con Dios en su medio. Ellos no fueron salvados debido a que eran judíos, ni tampoco porque habían saboreado un cordero para la cena, sino porque ellos habían aplicado la sangre de ese cordero en las puertas de sus casas creyendo que eso los protegería. Fueron salvados por medio de la fe en la sangre del cordero.

Y nosotros, igual que los israelitas en Egipto, somos esclavos, manteniéndonos atados al pecado. En ese primer Domingo de Ramos, el décimo día del mes primero, nuestro Cordero Pascual fue seleccionado, permitiendo que fuera proclamado como Rey de Israel por primera y única vez en Su vida. Cuando los fariseos le dijeron que reprendiera a Sus discípulos por hacer eso, Él dijo que si ellos callaban las mismas piedras clamarían (Lucas 19:39-40) Este fue el día ordenado en la historia para que Él hiciera Su aparición como su Mesías.

Durante los siguientes tres días Él fue sujeto al interrogatorio más intenso de todo Su ministerio, para determinar si había algún defecto en Sus palabras u obras. Luego en el día catorce Él fue crucificado liberándonos de nuestra atadura al pecado, y calificándonos para recibir la riqueza de Su Reino. Nosotros somos salvos por medio de la fe en la sangre del Cordero. Pero nos estamos adelantando.

El Hijo del Hombre Lloró, El Hijo de Dios Advirtió

Y cuando Jesús llegó cerca de Jerusalén, al verla, lloró sobre ella, y dijo: “¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación” (Lucas 19:41-44).

El profeta Daniel les había diseñado el esquema 500 años antes. Desde el momento que los judíos obtuvieron el permiso para reconstruir Jerusalén después que había sido destruida por los babilonios, a la llegada del Mesías, habría 69 períodos de 7 años cada uno, o un total de 483 años (Daniel 9:25). La historia nos dice que esta autorización se la dio a Nehemías el rey persa Artajerjes Longimano en Marzo del año 445 a.C. (Nehemías 2:1-9). El domingo cuando Jesús entró en Jerusalén montado en un asno ante la gritería de la gente de las palabras del Salmo 118:25-26, pasaron exactamente 483 años, pero para entonces, la mayoría de los líderes judíos ya no tomaban la Biblia de manera literal y la validez de la profecía predictiva era negada.

A pesar de su opinión, el Señor los responsabilizó porque sabían cuándo Él los visitaría. Dado que cientos de profecías adicionales de Su venida habían sido cumplidas claramente en su medio, podemos ver el punto del Señor. Recordemos que todas esas profecías se cumplieron dentro del lapso de una generación, en la que Él llegó. Hay cientos de profecías adicionales relacionadas con Su Segunda Venida, y de nuevo, todas serán cumplidas dentro del lapso de una generación, aquella durante la cual Él llega (Mateo 24:34). Igual que antes, nuestros líderes no están tomando la Biblia de manera literal y la validez de la profecía predictiva de nuevo está siendo negada. Pero a pesar de su opinión, el Señor responsabilizará a las personas de nuestros días por no “reconocer el tiempo de Su visitación” como lo hizo en aquel entonces.

¿Quién Era Ese Hombre?

Hace unos días recibí un correo electrónico de una persona que supongo es judía, afirmando que Jesús no cumplió con ni uno solo de los requisitos para ser el Mesías de Israel. Con el correr de los años he recibido ese tipo de correos y he llegado a darme cuenta de que ellos piensan de esa manera porque Israel está esperando un Mesías que cumpla lo que nosotros llamamos las profecías de la Segunda Venida. Israel estaba esperando al León de la Tribu de Judá, un poderoso guerrero como el Rey David, para que les quitara el yugo romano y restaurara el reino de Israel, porque eso es lo que creían que necesitaban. Ellos no pensaban que necesitaban un Salvador, así que cuando tuvieron al Cordero de Dios que vino a quitar sus pecados no lo pudieron reconocer.

Hoy en día, debido a una negación similar de la validez de la profecía, la mayoría del mundo está buscando alguna versión del Cordero de Dios. La gente quiere un maestro gentil que nos aceptará a todos por igual y nos prometerá mostrar el camino hacia la paz y la plenitud. No pensarán que necesitan un conquistador, por eso es que cuando venga el León de Judá para destruir totalmente a Sus enemigos y restaurar el Reino de Dios, no lo van a reconocer (Mateo 24:30). Como lo dijo ese hombre, “Aquellas personas que no aprenden de la historia están condenadas a repetirla.” Ya casi se escuchan los pasos del Mesías. 23/03/13.

 

 

Título Original: Passover and Palm Sunday

Traducido por Walter Reiche B.

walterre@racsa.co.cr