Salmo 23

Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.


Nuestro Señor es como el buen pastor que defiende Su rebaño de los lobos rapaces que acechan en la oscuridad. Al darles cualquier oportunidad, atacan, pero Él los mantiene alejados con honda y flecha. ¿Ha visto usted alguna vez una oveja que al ser atacada se defienda por sí misma? Yo tampoco. No pueden hacerlo. Sus enemigos son demasiado fuertes para ellas. ¿Y sabía usted que las ovejas se extravían fácilmente? Es por eso que necesitan de un pastor, y ese es un trabajo de tiempo completo. Pero a pesar de los mejores esfuerzos del pastor, las ovejas de extravían de vez en cuando y se meten en problemas y tienen que ser rescatadas.

Sería totalmente ridículo para una oveja culpar al pastor, pero a veces, esa es la manera como nosotros, que somos ovejas, tratamos al Señor, nuestro Pastor. Nos extraviamos, nos metemos en problemas y debemos ser rescatados. Nos quejamos diciendo, “¿Por qué me dejaste hacer eso, Señor?” y culpamos al Señor por nuestras acciones. A diferencia de las ovejas que no tienen libre albedrío y ninguna habilidad para aprender de sus errores, nosotros estamos supuestos a volvernos más inteligentes a través de nuestra experiencia. Estamos supuestos a conocer lo poderoso que nuestro enemigo es y lo indefensos que nosotros somos, y así dependemos de nuestro Señor para nuestra protección. Eso incluye el escuchar lo que Él nos dice cuando nos avisa de un peligro venidero, o nos advierte de no extraviarnos.

Pero con la paciencia de un pastor, Él nos rescata, nos limpia, cura nuestras heridas, y con todo cariño nos vuelve a colocar en el rebaño, a sabiendas de que pronto olvidaremos el desatino de extraviarnos y Él tendrá que hacerlo todo de nuevo otra vez. Sus misericordias son nuevas cada día, Su paciencia no tiene límites, Su amor nunca falla. Eso es bueno, ¿cierto?