Salmo 8

¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos; de la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo.


Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar.

 

¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!

Uno de los cambios más grandes en los paradigmas de la vida ha sido cuando hemos pasado de ser del “yo todo” más importante en nuestra mente, a lo más insignificantes comparados con Dios.

Como un incrédulo, yo era solamente yo, todo lo que yo había logrado y todas las cosas aun pendientes que podía lograr si lo decidía. Esta tan obsesionado adquiriendo las trampas materiales que validaban la alta estima que uno mismo se tenía. Mi orgullo se inflaba como un globo al tratar de aparentar ser más de lo que en verdad era.

Pero se necesitó que el Señor me produjera una gran caída desde esa auto-erigida posición para que me viera como en verdad soy, una hormiga ante el óptimo Gigante del universo, sin esperanza y sin ayuda, sin valor y sin ninguna utilidad. Puedo recordar las palabras de los doce espías que Moisés envió a reconocer la tierra de Canaán, diez de los cuales dijeron, lamentándose, que “éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” (Números 13:33). Créame, cuando me presenté ante el trono de Dios, lo puedo contar. Mientras más le conocemos Él se vuelve más grande y nosotros más pequeños.

Luego leí el Salmo 8 y me dí cuenta de que David tenía el mismo problema. El guerrero valeroso, a quien Dios describe como un “varón conforme a mi corazón” también experimentó la insignificancia del hombre en presencia de su Creador.

Pero luego el Señor le recordó, como nos lo recuerda a nosotros, que a pesar de que hemos sido hechos un poco menores que los ángeles, hemos sido puestos al cuidado de Su creación y coronados con gloria y honra.

Hay un sentido en el que este salmo fue en realidad escrito teniendo a la vista al Hijo del Hombre, el Mesías, en vez de a todos los hijos de la humanidad. Se puede traducir la frase “un poco menor” como “un poco menor por el momento”, y como Jesús le dijo a Sus discípulos, “Toda potestad (autoridad) me es dada en el cielo y en la tierra”.

El escritor de la carta a los Hebreos parece estar de acuerdo con el Salmo 8 en el comentario que hace en el capítulo 2:5-9. Pero luego prosigue a recordarnos que el sufrimiento del Hijo del Hombre trajo gloria y honra a todos los hijos de la humanidad que han creído, pues Él no se avergüenza de llamarnos sus hermanos. Y así como Jesús ha sido elevado sobre los ángeles, de la misma manera lo hemos sido usted y yo, porque Dios nos elevó con Cristo “y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:6-7).

Usted y yo somos hechura de Dios, literalmente Su obra de arte, el ejemplo más alto y fino de Su capacidad creadora, coherederos con Su Hijo quien nos ha dado los confines de la tierra en posesión, corregentes con Él a quien se le ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.

De esta manera cerramos el círculo. Y todo se trata de mí. Solamente que ahora me queda claro que soy el recipiente indigno de un amor que no tengo derecho de esperar y una bendición que no tengo la habilidad de medir. Este amor me ha elevado a las máximas alturas de la creación. Y como dice una canción, “Me has puesto sobre un pedestal, tan alto que casi puedo ver la eternidad”. Lo mismo es cierto para usted.

Así que ya no puedo enorgullecerme en lo que el poder de mi mente o la fuerza de mi brazo pueden lograr. Ahora me siento humillado al ver lo que el Creador del universo ha hecho por mí. E igual que el Rey David, yo me pregunto, “¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria?”. Y de la misma manera que David, entono mi alabanza diciendo: “¡Oh Señor, cuán grande es tu gloria en toda la tierra!”