La Parábola de los Obreros de la Viña

Miércoles 26 de enero de 2022

Un Estudio bíblico por Jack Kelley

El reino de los cielos es semejante al dueño de una finca, que salió por la mañana a contratar trabajadores para su viña. Convino con ellos en que les pagaría el salario de un día, y los envió a su viña.

Como a las nueve de la mañana, salió y vio en la plaza a otros que estaban desocupados, y les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña, y les pagaré lo que sea justo.” Y ellos fueron. Cerca del mediodía volvió a salir, y lo mismo hizo a las tres de la tarde, y cuando salió cerca de las cinco de la tarde halló a otros que estaban desocupados, y les dijo: “¿Por qué se han pasado todo el día aquí, sin hacer nada?” Le respondieron: “Es que nadie nos ha contratado.” Él les dijo: “Vayan también ustedes a la viña.”

Cuando llegó la noche, el dueño de la viña dijo a su mayordomo: “Llama a los trabajadores y págales su jornal. Comienza por los últimos y termina por los primeros.”

Los que habían llegado cerca de las cinco de la tarde pasaron y cada uno recibió el salario de un día de trabajo. Cuando pasaron los primeros, pensaron que recibirían más, pero cada uno de ellos recibió también el salario de un día de trabajo. Al recibirlo, comenzaron a murmurar contra el dueño de la finca. Decían: “Estos últimos han trabajado una sola hora, y les has pagado lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el cansancio y el calor del día.” El dueño le dijo a uno de ellos: “Amigo mío, no te estoy tratando injustamente. ¿Acaso no te arreglaste conmigo por el salario de un día? Ésa es tu paga. Tómala y vete. Si yo quiero darle a este último lo mismo que te doy a ti, ¿no tengo el derecho de hacer lo que quiera con lo que es mío? ¿O acaso tienes envidia, porque yo soy bueno?”

Así que los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros.

¿De qué se trata todo esto?

Yo he sido un consultor gerencial durante la mayor parte de mi vida y antes de ser creyente en Jesús pensaba que el Señor había violado, con esta historia, toda clase de principios de motivación, sin mencionar la teoría de la compensación justa. Pareciera que el dueño de la finca en esta parábola estaba entrenando a los obreros para que llegaran tarde. Y a pesar de ello se les pagaría el día completo de trabajo

Pero luego nací de nuevo y me di cuenta que el objetivo del Señor en enseñar en parábolas era para iluminar a sus seguidores sobre los propósitos del Reino, y confundir al resto de las personas (Mateo 13:11-13). Ciertamente eso funcionó conmigo.

Pude aprender que una parábola es una historia celestial puesta en una perspectiva terrenal, y que todos los personajes representan a alguien o a algo más. Entonces, esta parábola no es diferente a las demás. Como de costumbre, el dueño de la finca, o padre de familia, representa al Señor, los obreros son Sus seguidores, y la viña es Su Reino. La paga representa la recompensa de la salvación. El trabajo es lo que Sus seguidores hacen para merecer la recompensa, y el día es el lapso de tiempo que se les da para que lo completen, que es normalmente el lapso de su vida. Esta parábola no estaba supuesta a ser un seminario gerencial. Fue dada para iluminar tres principios críticos que tienen que ver con el Reino de los Cielos.

Los tres principios

Primero, no importa cuándo en su vida usted decide unirse a Su Reino, usted goza de todos los derechos y beneficios pertenecientes al Reino en el momento que usted lo hace (Efesios 1:13-14). Los últimos que fueron contratados recibieron la misma paga que los primeros.

Segundo, usted tiene que apuntarse antes de que termine el día (Hebreos 4:7). Nadie más fue contratado después que finalizó el día y como dijimos, el día representa nuestro lapso de vida.

Tercero, si usted cree que merece más en el Reino porque usted trabajó más tiempo o más duro, o vivió una mejor vida que alguien más, entonces ha olvidado cómo fue que usted entró en primer lugar. Usted no fue salvo o salva debido a sus méritos o sus valores, sino debido a Su misericordia y Su gracia. Si usted cree que Él le debe algo extra es un pecado que si no lo confiesa, no es que le van a echar del lugar, (recuerde que cada obrero es una persona creyente en Jesús) pero sí puede poner una tensión en su relación con el Señor durante la vida suya y ciertamente eso va a disminuir el gozo que usted tiene al haber sido aceptado y aceptada en el Reino.

¿Terminó usted su trabajo?

Entonces, ¿cuál es el trabajo que cada uno, ya sea el primero o el último, debe de hacer para ganarse esa paga? Yo creía que la salvación era gratuita y que no podía ganarse. Con anterioridad, la gente le había preguntado a Jesús, “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús: Esta es la obra de Dios, que crean en el que él ha enviado” (Juan 6:28-29).

Qué oportunidad tan perfecta para señalar todas las cosas que se requieren de nosotros; los Diez Mandamientos, el Sermón del Monte, o alguna nueva lista que combinada con ambas cosas se le agrega la asistencia regular a la iglesia, pagar el diezmo, y quizás algún trabajo misionero, y que eso nos puede meter en el Reino. ¡No! “Crean en el que Él ha enviado”. Punto. Fin de la historia.

Los obreros que trabajaron todo el día representan a aquellas personas que han creído en Aquel que Él ha enviado, pero entonces, durante el resto de sus vidas han trabajado larga y duramente por el Reino. No tiene nada de malo todo ese duro trabajo, y probablemente han hecho mucho bien, pero al final de la era, si esas personas creen que están allí para recibir un crédito adicional, un bono por decirlo así, sus verdaderos motivos serán expuestos. Los celos que sienten cuando un terrible pecador hace una confesión de último momento y se salva sin habar hecho ningún trabajo bueno a su favor muestra que esas personas no han trabajado para expresarle su gratitud al Señor por lo que ya se les ha prometido, sino que es para ganar algo más para ellas mismas (1 Corintios 4:5).

Y los primeros serán los últimos

Cuando el Señor dijo, “Así que los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros”, Él estaba describiendo el equivalente espiritual de ser uno enviado al final de la fila. Es algo como esto que me sucedió a mí: Llegué temprano a un popular seminario, encontré un buen lugar de estacionamiento, tomé mi lugar entre los primeros de la fila que se estaba formando, y mentalmente empecé a seleccionar un buen asiento al que me dirigiría cuando abrieran las puertas. Mientras la fila seguía creciendo con rapidez, empecé a sentirme más seguro de que no iba a ser uno de esos perdedores que siempre llegan a último momento y obtienen el peor espacio de estacionamiento y el peor lugar. Mejor no lo pude haber hecho antes. ¡Qué bien!

Por fin las puertas se abrieron y para mi sorpresa, me di cuenta que estaba en la fila equivocada. Los que estaban primeros en la fila fueron mal informados así que estaban en la puerta equivocada. La puerta era otra y de un momento a otro me encontré al final de la fila. Bueno, todo ese sentimiento de orgullo y autosuficiencia se vino abajo, y en lugar de ser un ganador ahora yo era un perdedor. Mentalmente me perdí los primeros 15 minutos del seminario tratando de calmarme, y nunca me sobrepuse al hecho de que había perdido todo ese tiempo para obtener un asiento preferencial, y ahora mi asiento no era mejor que el de cualquier otra persona. De ser el primero a pasar a ser el último me robó el gozo ese día, y posiblemente mi actitud de superioridad terminó de arruinarme el resto de las cosas.

La paga para llevar a casa

Si usted es una de esas personas creyentes que el Señor puede acusar de ser celosas por lo que alguien más está obteniendo, mejor confiéselo y hágalo ahora. No permita que pase otro día apartado de Él debido a sus celos.

Y aquí se encuentra otra forma en la que esta parábola es diferente de la vida. Todos los obreros sabían que el día de trabajo tenía 12 horas, así que todos podían predecir su final. Pero, ¿quién entre nosotros puede predecir el fin de nuestras vidas? Si usted es alguna de esas personas que aún no se ha comprometido totalmente a convertirse en una seguidora del Señor, por favor escuche este consejo de Hebreos 4:7: “Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan su corazón”, y de 2 Corintios 6:2, “Y éste es el momento oportuno; éste es el día de salvación”. Únase a Él ahora mismo, el salario es grande y se pagan dividendos eternos. Selah. 07/02/04.