La Parábola del Administrador Astuto. Parte 1

Miércoles, 9 de marzo de 2016

Un estudio bíblico por Jack Kelley

Jesús también les dijo a sus discípulos: «Había un hombre rico, que tenía un mayordomo, el cual fue acusado de malgastar los bienes de su amo. Ese hombre llamó al mayordomo, y le dijo: “¿Qué es esto que me dicen de ti? Ríndeme cuentas de tu mayordomía, porque no puedes seguir siendo mi mayordomo.”

Entonces el mayordomo se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer si mi amo me quita la mayordomía? ¿Cavar la tierra? ¡No soy capaz! ¿Pedir limosna? ¡Qué vergüenza! ¡Ya sé lo que haré! Así, cuando se me quite la mayordomía, seré bien recibido en cualquier casa.”

Llamó entonces a cada uno de los deudores de su amo, y al primero le dijo: “¿Cuánto le debes a mi amo?”

Aquél respondió: “Cien barriles de aceite.”

El mayordomo le dijo: “Toma tu cuenta y, enseguida, siéntate y anota cincuenta.”

A otro le dijo: “Y tú, ¿cuánto debes?”

Y aquél respondió: “Cien sacos de trigo.” El mayordomo le dijo: “Toma tu cuenta, y anota ochenta.”

Y el amo elogió al mal mayordomo por haber actuado con tanta sagacidad, pues en el trato con sus semejantes los hijos de este mundo son más sagaces que los hijos de la luz.

»Por tanto, les digo: Háganse de amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, sean ustedes recibidos en las mansiones eternas.

»El que es confiable en lo poco, también lo es en lo mucho; y el que no es confiable en lo poco, tampoco lo es en lo mucho. Porque si en el manejo de las riquezas injustas ustedes no son confiables, ¿quién podrá confiarles lo verdadero? Y si con lo ajeno no resultan confiables, ¿quién les dará lo que les pertenece?

Ningún siervo puede servir a dos señores, porque a uno lo odiará y al otro lo amará. O bien, estimará a uno y menospreciará al otro. Así que ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas.»

Los fariseos, que eran avaros, también escuchaban estas cosas, y se burlaban de él. Entonces Jesús les dijo: «Ustedes se justifican a ustedes mismos delante de la gente, pero Dios conoce su corazón; pues lo que la gente considera sublime, ante Dios resulta repugnante (Lucas 16:1-15).

Un poco de antecedentes, por favor

Un administrador está siendo despedido de su trabajo por su amo. Le dice que presente los libros contables antes de entregárselos a los auditores. Este hombre está frente a una situación seria. Es muy viejo para los trabajos de campo y muy orgulloso para pedir limosna, así que reúne a los deudores de su amo para que revisen sus cuentas con él, En privado les dice que escriban otra cuenta más favorable que la original. Al hacerlo de esa manera gana puntos con los deudores y también con su amo. ¿Cómo puede ser eso?

Era en contra de la Ley de Moisés que un israelita le cargara a otro una suma de interés sobre un crédito que le había otorgado (Deuteronomio 23:19), pero muchos comerciantes le encontraron la salida a esa restricción al ponerle un sobre precio a los bienes y servicios, con lo cual elevaban las ganancias, en vez de cargar una suma de interés. (Un ejemplo del presente lo encontramos en el negocio de la venta de automóviles. Ese 0% de financiamiento que ofrecen, en realidad es un préstamo cuyos intereses son pagados por el fabricante del exceso de ganancias las cuales se agregan al precio de venta del vehículo, específicamente para el propósito de financiar ese tipo de incentivos.)

El administrador aparentemente había tratado injustamente con los deudores de su amo, cargándole un sobreprecio a los bienes en vez de una tasa de interés. De la historia, no hay ninguna indicación que el amo instigara o condenara cualquier sobreprecio. Su descubrimiento puede ser la súbita pérdida del empleo del administrador. Quizás él estaba utilizando estos agregados para compensar por las pérdidas de las que estaba siendo acusado.

Muy Astuto, ¿Verdad?

Puesto que el amo alabó la astucia del administrador por haber escrito nuevas cuentas, es difícil imaginarnos que estuviera siendo engañado en estos tratos, a pesar que el Señor llama deshonesto al administrador. Lo más seguro es que al estar haciendo los arreglos con los deudores, el administrador estaba deduciendo la ganancia en exceso que él mismo había fijado en las cuentas de cada uno, así se ganó el agradecimiento de los deudores y la admiración del amo.

Si eso es así, sus esfuerzos de asemejan a los judíos ortodoxos de hoy durante los Diez Días de Pavor entre el Rosh Hashanah y el Yom Kippur, durante los cuales frenéticamente van tratando de arreglar las maldades que le han hecho a otras personas durante los 12 meses anteriores. Están trabajando para retener su lugar en el Libro de la Vida antes de que este se cierre por otro año, y a la vez reconciliarse con sus amigos y vecinos mientras retornan a las Buenas Gracias de Dios.

Las personas cristianas no tienen que trabajar su camino para estar de vuelta en las Buenas Gracias de Dios. Nuestros nombres no pueden ser borrados del Libro de la Vida del Cordero. Pero nuestro deseo de pedirle perdón a alguien a quien hemos ofendido es más que un intento de reconciliación. Es una indicación de la contrición de nuestro corazón, una medida de arrepentimiento por los pecados que hemos cometido.

Recordemos el Contexto

No olvidemos que esta parábola fue dada pisándole los talones a la parábola de la Oveja Perdida, la Moneda Perdida y el Hijo Perdido (Pródigo). En cada una de ellas el punto es el regocijo que ocurre cuando un pecador se arrepiente y pide perdón. Eso agrada al Señor y nos otorga la recomendación del Amo.

Y el comentario que hace el Señor después de esta parábola nos ilumina aun más. Los incrédulos son más astutos en su trato entre ellos mismos que lo que son los creyentes entre sí, dijo Él. Ellos saben cómo utilizar su posición y autoridad para ganar influencia con el objeto de tener algo en qué caer si se ven en un problema. Si ellos utilizan eso para ayudarse a sí mismos dentro de un contexto terrenal, ¿cuánto más debemos nosotros ganar influencia dentro del contexto celestial?

No me malentiendan. No se está hablando de influenciar al Señor referente a nuestra salvación. Ese es un regalo, y es gratis con solo pedirlo, y ya lo hemos recibido. Pero de la misma manera que el administrador astuto trabajó para ganarse el favor de los deudores de su amo, para que con seguridad lo ayudaran más tarde, hay cosas que nosotros podemos hacer para ganar influencia con otros creyentes, los cuales pueden entonces interceder por nosotros en tiempos difíciles. Pedir su perdón es una de esas cosas.

Por supuesto que el Señor Jesús es nuestro último intercesor (Romanos 8:34), pero es un consuelo saber que hay amigos en la tierra que podrían rogar por nuestro caso en el Cielo, si hay que llegar a eso.

Hablemos del Dinero

Y hablando de rogar por nuestro caso en el Cielo, Él también alaba que nosotros utilicemos cualquier riqueza terrenal que se nos da para ganar una atención favorable allá por el uso que le damos aquí. Como un amigo mío dijo una vez, “No te la puedes llevar contigo, pero la puedes enviar allá por adelantado”.

Él estaba hablando de utilizar nuestra riqueza de una forma que impresione al Señor. Se nos dice que la riqueza es un regalo de Dios (Deuteronomio 8:18). Hay muchas personas que son inteligentes, bien educadas y trabajan muy duro, pero el Señor bendice a muy pocas de ellas con riquezas. Si usted es una de ellas, ¿es usted apropiadamente agradecido? ¿Está usted utilizando su riqueza para obtener una mención honorable en el único lugar en donde en verdad cuenta, el Cielo? Recuerden, Él dice, si no puedes ser confiado en lo poco (riquezas terrenales) ¿cómo podrás ser confiado con lo mucho (riquezas celestiales)? Después de todo uno no puede servir a dos amos. El dinero le llevará a usted en una dirección, pero Dios puede que tenga otra dirección en mente. ¿Cuál va a seguir usted?

El hecho de que Él estaba mirando directamente a los fariseos cuando dijo eso demuestra que ellos no habían entendido bien el asunto del dinero. La próxima vez veremos la diferencia entre el uso típico que las personas le dan al dinero, y el deseo del Señor de cómo lo usemos, para ver si lo hacemos bien. Selah 05/03/04