Nombres de Jesús: La Luz del Mundo, parte 2

Martes, 20 de diciembre de 2016

Un estudio bíblico por Jack Kelley

La última vez leímos que Jesús es la Luz del Mundo:

En otra ocasión, Jesús dijo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.»” (Juan 8:12).

Jesús es la Luz del Mundo, y por la gracia de Dios, nosotros también.

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Tampoco se enciende una lámpara y se pone debajo de un cajón, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en casa. De la misma manera, que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16).

¿Qué significa eso?

De la misma manera como la luna no tiene luz propia, sino que refleja la luz del sol, nosotros tampoco tenemos luz propia… sino que estamos supuestos a reflejar la luz del Hijo. Hacer brillar Su luz con tal intensidad para que Dios sea glorificado cuando los demás ven nuestras buenas obras.

Nosotros sabemos que somos salvos por lo que creemos y no por nuestro comportamiento, y las buenas obras que hacemos después de ser salvos deben de ser hechas en extremo agradecimiento por el regalo que nunca pudimos esperar obtener.

En agradecimiento por este inmerecido favor, buscamos al Señor y nos unimos con lo que Él está haciendo aquí. Nuestras buenas obras que glorifican a nuestro Padre en el Cielo incluyen darles a quienes están necesitados. Con Su abundancia (2 Corintios 9:11) podemos dar alimentos, agua, ropa y protección a quienes no los tienen. Podemos compartir Sus buenas nuevas. Podemos dar de nuestro tiempo y amor a quienes se encuentran solos y también a los heridos, darles de nuestra fuerza a los débiles, y nuestro ánimo a quienes se sienten perdidos y afligidos. Lo hemos obtenido gratuitamente, debemos darlo gratuitamente también (Mateo 10:8).

Que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos. Fue este versículo el que nos convenció para empezar a compartir la obra de nuestro ministerio local (https://gracethrufaith.com/missions/) en este sitio web. Es el deseo de nuestro corazón que el Señor sea glorificado en lo que hacemos aquí. Durante años hemos dado en secreto de acuerdo a lo que dice Mateo 6:2-4:

Cuando tú des limosna, no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que la gente los alabe. De cierto les digo que con eso ya se han ganado su recompensa. Pero cuando tú des limosna, asegúrate que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, así tu limosna será en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”

¿Debemos compartir nuestras buenas obras para que el Señor sea glorificado? ¿O debemos hacer que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha y dar en secreto? Debemos hacer ambas cosas conforme Él nos dirige. Hay una bendición en dar y solamente hacer que el Señor y usted lo sepan. Y eso bendice a otras personas que ven nuestras buenas obras, y así glorifican a nuestro Padre, y quizás tengamos la oportunidad de poder unirnos a la obra. Esa es una manera de estimularnos los unos a los otros hacia el amor y las buenas obras (Hebreos 10:24).

Buscamos al Señor y dejamos que Él nos dirija, cada día y en cada decisión que tomamos. El Señor desea una verdadera relación con nosotros. Él no nos da una lista de cosas para hacer. Él nos invita a pasar un tiempo con Él y conocerlo. Nosotros habitamos en Él y oímos Su voz (Juan 10:27) y le permitimos a Él que dirija nuestras decisiones.

Nuestra oración: Señor, nos aquietamos ante Ti y encontramos gozo en Tu presencia. Permítenos mostrarte nuestro amor, y traer Tu luz a un mundo en oscuridad. Ayúdanos a estimular a otras personas en amor y buenas obras para glorificarte a Ti, y no a nosotros mismos. Amén

P.D. Este versículo también tiene un cumplimiento profético en el Milenio, cuando la luz desde nuestro hogar en la Nueva Jerusalén será suficiente para darle luz a toda la tierra.

La ciudad no tiene necesidad de que el sol y luna brillen en ella; porque la ilumina la gloria de Dios y el Cordero es su lumbrera. Las naciones que son salvas caminarán a la luz de ella, y los reyes de la tierra traerán a ella sus riquezas y su honra” (Apocalipsis 21:23-24).