Compartiendo en Su sufrimiento

Q

Miércoles, 21 de febrero de 2018

P: Tengo una pregunta acerca de Romanos 8:17. Si no sufrimos por Cristo o compartimos en sus sufrimientos, ¿quiere eso decir que no tendremos vida eterna del todo? Me mantengo luchando con el pensamiento de que si yo no sufro por Cristo o comparto en sus sufrimientos, siento que no le pertenezco del todo a él. Si sufrimos por Cristo, ¿eso da como resultado más galardones eternos o es tanto la salvación como los galardones eternos?

A

R: Romanos 8:17 dice, “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”

Jesús dijo que la vida eterna llega sólo debido a lo que creemos (Juan 3:16, Juan 6:40). Juan dijo que todas aquellas personas que creen en Jesús les es dada la autoridad para ser hijos de Dios (Juan 1:12-13). Y en Gálatas 4:4-7 Pablo escribió que se nos ha dado todo el derecho de hijos, y por lo tanto, herederos de Dios, porque Jesús nos redimió.

Como personas cristianas la mayoría de nosotros ha experimentado por lo menos en algunas ocasiones el ridículo o aún la persecución debido a nuestras creencias. Pero muy pocos de nosotros hemos sido llamados para sufrir algo, ni siquiera remotamente, del sufrimiento que el Señor soportó por nosotros. Para que Pablo dijera que la salvación llega solamente por medio del sufrimiento de Cristo habría significado que él estaba negando la misma doctrina de la gracia que él mismo presentó en lugares como Efesios 2:8-9. Por consiguiente, compartir en el sufrimiento del Señor tiene que estar relacionado al efecto en lugar del acto de sufrir. El efecto de Su sufrimiento fue para hacer posible la vida eterna para nosotros, puesto que Él sufrió por cuenta nuestra.

Tanto Santiago (Santiago 1:12) como Jesús (Apocalipsis 2:10) prometieron la corona de vida para aquellas personas que sufren la persecución real por su fe. Esta es una recompensa que va más allá y que está sobre nuestra salvación, y no una condición para ser uno salvo.